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- Desde la ubicación geográfica donde estamos hasta las horas a las que consultamos el móvil, cada una de nuestras interacciones en línea genera un rastro digital con un altísimo valor comercial, según advierte un especialista universitario, que explica cómo se utilizan y monetizan nuestros datos y huella en la red
- El salto que desafía los límites
Desde la ubicación geográfica donde estamos hasta las horas a las que consultamos el móvil, cada una de nuestras interacciones en línea genera un rastro digital con un altísimo valor comercial, según advierte un especialista universitario, que explica cómo se utilizan y monetizan nuestros datos y huella en la red
La economía digital, que engloba las actividades económicas basadas en tecnologías digitales, especialmente en Internet, y en la que empresas como Amazon, Google o Alibaba son ejemplos de cómo la tecnología crea nuevas formas de generar riqueza y empleo, se alimenta de datos, señalan desde la Universidad Europea.
Estos datos, que se generan cada vez que efectuamos una interacción en la red, dejando una huella rastreable, abarcan desde nuestra localización geográfica y búsquedas en Internet hasta las horas exactas a las que consultamos el móvil o las páginas web que más visitamos, y tienen un altísimo valor comercial, según explican los especialistas.
Explican que la economía digital “no se limita al comercio electrónico, sino que también incluye la automatización de procesos, el uso de grandes volúmenes de datos (big data), la Inteligencia Artificial (IA) y la creación de nuevos modelos de negocio impulsados por la conectividad”.
En este sentido “hoy en día, el valor económico no depende únicamente de los bienes materiales, sino de los datos y el conocimiento”, señalan desde la UE.
La recopilación masiva y el análisis de nuestros datos y huella digital permite a las organizaciones construir perfiles de usuario extremadamente precisos. Así, nuestra intimidad y preferencias de consumo se han convertido en el activo más codiciado del mercado tecnológico, aseguran.
Desde la UE aseveran que “la economía digital se alimenta de datos”, pero ¿de qué manera se ‘cosecha’, quien ‘ingiere’ y cómo se utiliza ese alimento?, o dicho de otra manera: ¿Cómo se usan nuestros datos personales y cómo se monetiza nuestra huella digital en la red?
Nuestras interacciones y dispositivos nos delatan.
“Cada vez que navegamos por Internet dejamos un rastro”, explica Francisco José García Ull, profesor de Análisis de Datos e IA en la Universidad Europea de Valencia, UE-V, (España), en una entrevista con EFE.
Señala que “cada interacción con un sistema de IA (por ejemplo, cada pregunta que le hacemos a un ‘chatbot’ de Internet) alimenta bases de datos cuyo uso exacto desconocemos” y añade que “los propios sistemas operativos de nuestros dispositivos transmiten patrones de comportamiento a los fabricantes sin que seamos conscientes de ello”.
García Ull lamenta que a pesar de que Internet haya sido diseñada sobre principios de libertad y descentralización, la gran ironía, como señala el sociólogo Manuel Castells, es que “esa misma arquitectura libre se haya convertido en el instrumento de control más eficaz jamás construido”.
¿Quiénes cosechan y consumen nuestros datos?
Las plataformas tecnológicas, los ‘brokers’ de datos (empresas dedicadas a recopilar, procesar y vender información personal) y los anunciantes (entidades que promocionan sus productos, servicios o mensajes por medio de campañas publicitarias) son los actores principales en el uso de nuestros datos, según explica el profesor García Ull.
García Ull recuerda que el ya fallecido filósofo Gilles Deleuze describió décadas atrás la emergencia de unas sociedades de control que operan a través de máquinas informáticas, de forma continua e ilimitada, sin que quienes son controlados lo perciban.
Como ejemplo de esta afirmación el profesor de la UE-V recuerda que, en 2024, cientos de miles de españoles cedieron los datos biométricos de su iris al entonces llamado proyecto Worldcoin a cambio de una criptomoneda (unos 50 euros al cambio).
¿Cómo se monetiza nuestra huella digital?
“En el instante en que cargamos una página web se produce una ‘subasta’ automatizada para mostrarnos un anuncio concreto. Todo ocurre en milisegundos, sin que lo veamos. El precio lo determina el valor de nuestro perfil de usuario”, señala.
El profesor García Ull enfatiza que “las compañías generan 300 mil millones de dólares con nuestros datos” y que ese “es un negocio multimillonario del que los usuarios no sabemos casi nada”.
¿Qué riesgos nos genera que usen nuestros datos?
“El primer riesgo es la pérdida de control: una vez cedidos los datos, el usuario no puede decidir cómo se usan ni recuperarlos. El segundo es la discriminación algorítmica, mediante sistemas que deniegan créditos, seguros o empleos basándose en perfiles automatizados, sin posibilidad de recurso humano”, explica.
Un tercer riesgo, en opinión de este experto, proviene de la Inteligencia Artificial generativa (IAG), ya que, por ejemplo, los “deepfakes” (contenidos audiovisuales ultrafalsos producidos mediante IAG) ya permiten suplantar la identidad de cualquier persona con un nivel de realismo que hace inútil la verificación visual o auditiva.
El cuarto, y más estructural, de los riesgos, según García Ull, es el que describía Lawrence Lessig: “la arquitectura del ciberespacio es en sí misma una forma de regulación”.
“El código que diseñan empresas privadas y gobiernos determina qué podemos hacer, qué podemos ver y, cada vez más, qué podemos pensar. La Ley europea de IA, que se aplica de forma progresiva hasta 2026, es el primer intento serio de poner límites a esa arquitectura. Llega tarde para muchos, pero es necesaria”, reflexiona.
“La pregunta ya no es si nuestros datos están siendo usados. Es quién decide cómo, con qué consecuencias y con qué control democrático. Para responderla hace falta algo que hoy casi no existe: transparencia algorítmica: saber qué nos dice la IA, por qué lo dice y, sobre todo, qué no dice”, concluye este experto.