El mundo 25 años después del 11-S

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A 25 años de los atentados del 11 de septiembre en Estados Unidos, especialistas universitarios analizan sus consecuencias a nivel mundial y cómo estos ataques transformaron el mundo en distintos ámbitos

“El 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos fue atacado cuando terroristas islámicos afiliados a Al-Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales de pasajeros y procedieron a estrellar dos contra las torres del Centro Mundial de Comercio en la ciudad de Nueva York y uno contra el Pentágono en Arlington, Virginia”, señala la Institución Smithsonian.  

“Los pasajeros y la tripulación del cuarto avión, el vuelo 93 de United Airlines, intentaron retomar el avión de manos de los secuestradores, lo que trágicamente provocó que el avión se estrellara contra un campo en el condado de Somerset, Pensilvania”, recuerdan desde esa misma institución estadounidense dedicada a la investigación científica.

Para recordar a los miles de víctimas de los atentados terroristas del 11-S en 2001, el 11 de septiembre de cada año, se celebra en Estados Unidos, el Patriot Day (Día del Patriota), jornada de luto nacional y reflexión, durante la cual se guardan minutos de silencio, se hace lectura de nombres de los fallecidos, se colocan las banderas a media asta, entre otros homenajes solemnes.

Un cuarto de siglo después de aquellos atentados terroristas, considerados los más mortíferos de la historia, un grupo de profesores de distintas asignaturas académicas en la Universidad Europea, UE, analizan a petición de EFE, algunos impactos de aquellos hechos y cómo han cambiado el mundo y la sociedad en distintos ámbitos.

Economía, derechos y libertades

“25 años después de los brutales atentados del 11 de septiembre de 2001, su impronta en la economía y en la política global sigue siendo profunda y multifacética”, señala José Manuel Corrales, profesor de Economía, Empresa, Relaciones Internacionales y Comunicación en la Universidad Europea. 

En opinión del profesor Corrales, “aquellos ataques terroristas no solo alteraron la arquitectura de seguridad internacional, sino que redefinieron de manera duradera la relación entre mercados, Estados y ciudadanos”.

“En Estados Unidos se vive una situación de mayor inseguridad, con una preocupante deriva autoritaria que afecta también a otros países de otras latitudes”, añade.

En el ámbito económico y social, “el 11-S aceleró tendencias preexistentes hacia una mayor integración de los riesgos geopolíticos en la toma de decisiones empresariales y financieras”, de acuerdo con Corrales.

Asimismo, el aumento del gasto público en defensa y seguridad consolidó el peso creciente del complejo industrial-militar en muchas economías desarrolladas, escapándose en algunas ocasiones del control regulatorio público, según este experto.

Corrales sostiene además que, en el plano financiero, uno de los impactos de los atentados del 11-S ha consistido en que “se reforzaron los mecanismos de supervisión y control de capitales, especialmente en la lucha contra la financiación del terrorismo”.

Añade que la incorporación de “normativas más estrictas en materia de transparencia bancaria, identificación de clientes y cooperación internacional sentaron las bases de un sistema más vigilado, aunque también más burocratizado”.

Pero este especialista considera que “quizá el legado más controvertido” del 11-S se encuentra “en el terreno de los derechos y libertades civiles”.

El profesor Corrales sostiene que “en 2026, el verdadero balance de los atentados del 11-S sigue abierto”.

Actualmente vivimos en “un mundo más vulnerable, más consciente del riesgo, pero también tensionado entre la eficacia de seguridad y la preservación de unos valores liberales y democráticos que solo alcanzan a una minoría de países y que están en un preocupante retroceso global”, señala.

En este sentido, considera que “los miedos, el autoritarismo y el populismo se han puesto de moda”.

Psicología individual y social

“El 11 de septiembre de 2001 no solo derrumbó dos torres, sino que también fracturó la sensación colectiva de seguridad”, señala por su parte Mariola Fernández, doctora en Psicología y docente en la Universidad Europea.

Esta especialista enfatiza que “millones de personas que vivieron aquellos atentados terroristas a través de las pantallas desarrollaron respuestas de estrés postraumático sin haber pisado la ciudad de Nueva York, evidenciando el poder del trauma vicario (desgaste psicológico y emocional que se produce por la exposición indirecta al sufrimiento ajeno) en la era mediática”.

La profesora Fernández añade que “a nivel social, el miedo activó mecanismos primitivos de cohesión interna y rechazo al (individuo) diferente, disparando la islamofobia y redibujando las fronteras entre el ‘nosotros’ y el ‘ellos’.

“La desconfianza se instaló en los espacios cotidianos. Paradójicamente, sociedades que enarbolaban la libertad aceptaron la vigilancia masiva y las restricciones civiles”, asegura esta especialista.

“El miedo, cuando es colectivo, puede volverse el mejor aliado del autoritarismo”, reflexiona, como conclusión.

Turismo y viajes

Serrano considera que aquellos actos terroristas “cambiaron radicalmente la seguridad aérea”, conduciendo a “controles más exhaustivos, mayores restricciones y una coordinación internacional que hoy asumimos como parte habitual del viaje”.

Para Serrano, “también obligaron al sector a mejorar su capacidad de respuesta, comunicación y recuperación frente a las crisis”.

“Veinticinco años después, el turismo ha demostrado una gran resiliencia, pero viaja bajo un nuevo paradigma, donde la seguridad forma parte inseparable de la experiencia turística y cualquier acontecimiento global puede alterar rápidamente los flujos, la conectividad y la confianza del viajero”, concluye.

Terrorismo, seguridad y defensa

“El 11-S fue un punto de inflexión en la seguridad internacional”, señala la doctora Beatriz Gutiérrez, especialista en relaciones internacionales y amenazas globales; y directora del Máster en Terrorismo, Seguridad y Defensa en la Universidad Europea.

La doctora Gutiérrez señala que “la implementación de nuevas medidas de seguridad fronterizas o aeroportuarias, la mayor cooperación interagencias y la definitiva socialización de Internet, trajeron como consecuencia no intencionada la atomización de estas redes yihadistas”.

Así, “de zonas concretas como Oriente Medio, África o Sureste Asiático, el yihadismo se expandió territorialmente incluyendo células e individuos autónomos, auto-radicalizados digitalmente, sin vínculos con la organización, con menor capacidad letal, pero que han maximizado el alcance geográfico de este tipo de organizaciones, en lo que Abu Musab al-Sury, estratega de Al-Qaida, denominó ‘la muerte por mil cortes’”, según concluye. 

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