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Hay cifras que nos permiten sentir orgullo.
Pero detrás de cada cifra siempre hay personas.
Hace unos días conocimos los resultados del Índice de Competitividad Estatal 2026. El estudio mide la capacidad de los estados para generar, atraer y retener talento e inversión.
Y Querétaro vuelve a destacar.
El IMCO reconoce el dinamismo que nuestro estado ha construido en industrias como la automotriz, aeroespacial y de centros de datos, además de mantener durante los últimos cinco años un alto nivel de complejidad económica.
Son buenos datos.
Pero cuando los leo, pienso menos en los números y más en las personas que existen detrás de ellos.
En quien abre un negocio por primera vez.
En quien sostiene una nómina.
En quien estudia mientras trabaja.
En la persona que entra temprano a una fábrica.
En quien aprendió un oficio.
En quien decidió invertir sus ahorros para emprender.
En quien se equivocó, perdió y volvió a intentarlo.
Porque ningún estado se vuelve competitivo por casualidad.
Se necesitan condiciones para que las cosas sucedan: educación, infraestructura, inversión, instituciones que funcionen y gobiernos capaces de dar continuidad a lo que sí funciona.
Pero también se necesita algo imposible de decretar: personas dispuestas a salir adelante.
Querétaro tiene mucho de eso.
El mismo estudio muestra que nuestro estado forma parte del grupo de entidades donde la proporción de adultos con educación superior supera el promedio nacional. Y durante dos décadas, Querétaro ha logrado desarrollar una economía cada vez más especializada y vinculada con industrias de alto valor.
Eso tampoco ocurrió de un día para otro.
Es resultado de generaciones que estudiaron, trabajaron, emprendieron y construyeron sobre lo que otros habían comenzado.
Por eso creo que la competitividad no debería quedarse únicamente en una conversación entre economistas.
También debería sentirse en la vida cotidiana.
Porque tener empresas, inversión y crecimiento sirve cuando eso se transforma en oportunidades para las personas.
Cuando alguien puede conseguir un buen empleo.
Cuando un joven encuentra razones para quedarse y desarrollar aquí su talento.
Cuando una pequeña empresa puede crecer.
Cuando quien trabaja duro encuentra condiciones para avanzar.
Y ahí todavía tenemos retos.
El propio IMCO advierte que México enfrenta un desafío importante: convertir el avance educativo en más empleo formal. A nivel nacional, la informalidad laboral continúa alrededor del 55 por ciento.
Ese dato debería hacernos pensar.
Porque no basta con decirle a alguien que se esfuerce.
También tenemos que construir un país donde ese esfuerzo tenga oportunidades para convertirse en progreso.
Durante estos meses he conocido a comerciantes, estudiantes, empresarios, trabajadores, profesionistas y personas que todos los días intentan sacar adelante algo propio.
Cada historia es distinta.
Pero muchas comparten la misma idea: nadie quiere que le regalen el futuro.
La mayoría simplemente quiere una oportunidad para construirlo.
Y quizá ahí está una de las grandes fortalezas de Querétaro.
Una cultura que reconoce el trabajo.
Que valora la preparación.
Que entiende que los resultados requieren tiempo.
Que se atreve a emprender, producir, innovar y volver a empezar.
Personas Hechas de México.
Debemos sentir orgullo por lo que Querétaro ha construido.
Pero también entender que ningún liderazgo económico está garantizado para siempre.
Hay que cuidarlo.
Mejorarlo.
Y lograr que llegue a más personas.
Porque el verdadero éxito de una economía no debería medirse únicamente por cuánto crece.
También por cuántas personas pueden crecer con ella.
Soy Pancho Domínguez Castro. Escribo para reflexionar, escuchar y reconocer a quienes todos los días construyen este estado desde su trabajo.
Y hoy quiero dejarte una pregunta:
¿Qué necesitamos hacer para que, en todo México, trabajar, prepararse y hacer las cosas bien realmente valga la pena?