El pollo, los mariscos y el arroz: los enemigos del verano

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Con las altas temperaturas registradas últimamente en el país, dejar comida fuera del refrigerador durante demasiado tiempo puede convertirse en un riesgo sanitario serio 

México atraviesa una de las temporadas más intensas de calor de los últimos años y, mientras las personas buscan cómo hidratarse, dormir mejor o evitar golpes de calor, hay otro problema que comienza a aparecer silenciosamente en hogares, fondas, mercados y restaurantes: la rapidez con la que los alimentos se echan a perder.

Con temperaturas que en varias regiones del país ya superan los 40 grados centígrados, dejar comida fuera del refrigerador durante demasiado tiempo puede convertirse en un riesgo sanitario serio. Lo preocupante es que muchas personas no saben que un arroz cocido, una salsa casera o incluso un pollo rostizado pueden comenzar a desarrollar bacterias peligrosas mucho antes de que cambien de olor o apariencia.

En temporada de calor, los productos más delicados son también algunos de los más consumidos en la gastronomía mexicana. El pollo, los mariscos, las carnes cocidas, los lácteos, el huevo, las cremas y las mayonesas se convierten en terrenos ideales para la reproducción acelerada de bacterias.

Uno de los casos más delicados es el arroz cocido. Aunque muchas personas creen que puede permanecer varias horas sobre la estufa, especialistas en inocuidad alimentaria advierten que este alimento desarrolla microorganismos rápidamente cuando permanece a temperatura ambiente. Lo mismo ocurre con pastas, caldos y guisos que suelen dejarse enfriar durante demasiado tiempo fuera del refrigerador.

En el caso de pescados y mariscos, el riesgo aumenta todavía más. Preparaciones como ceviches, aguachiles o cócteles necesitan mantenerse constantemente frías para evitar contaminación. Basta una ruptura en la cadena de refrigeración para que comiencen a multiplicarse bacterias capaces de provocar diarrea, vómito o infecciones gastrointestinales severas.

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La vida moderna también está empeorando el problema. Pedir comida por aplicación y dejarla una hora sobre la mesa, comprar supermercado y hacer otras vueltas antes de llegar a casa o transportar alimentos dentro del coche bajo el sol son prácticas que aceleran la descomposición de productos perecederos.

Las altas temperaturas han convertido espacios cotidianos en pequeñas incubadoras de bacterias, especialmente entre mayo y junio, cuando el calor alcanza sus niveles más agresivos en varias zonas del país.

 

La salsa también sufre con el calor

La gastronomía mexicana enfrenta un reto silencioso durante esta época. Las salsas frescas elaboradas con jitomate, chile, cebolla, aguacate o crema tienen una vida útil mucho más corta bajo temperaturas extremas.

En mercados, puestos ambulantes y restaurantes, mantener hielo suficiente y refrigeración constante se vuelve fundamental para evitar intoxicaciones. Una salsa verde aparentemente fresca puede comenzar a fermentar después de varias horas expuesta al calor, especialmente cuando contiene ingredientes naturales sin conservadores.

 

El refrigerador, el héroe silencioso de la cocina

Durante la ola de calor, el refrigerador deja de ser un electrodoméstico secundario y se convierte en la principal defensa contra la contaminación alimentaria. Mantener los alimentos entre 0 y 4 grados centígrados ayuda a disminuir el crecimiento bacteriano y prolonga su conservación.

Sin embargo, muchos hogares también cometen errores que afectan el enfriamiento. Guardar comida caliente inmediatamente, saturar el refrigerador o abrir constantemente la puerta provoca cambios internos de temperatura que reducen la capacidad de conservación.

Los especialistas recomiendan dividir la comida en recipientes pequeños, refrigerar lo antes posible y evitar dejar alimentos preparados más de dos horas fuera del frío. Cuando el ambiente supera los 32 grados, ese tiempo puede reducirse incluso a una hora.

La temporada extrema también está modificando los hábitos gastronómicos del país. Cada vez más personas buscan comidas ligeras, frutas hidratantes, ensaladas frescas, proteínas menos pesadas y bebidas naturales para soportar las altas temperaturas.

 

Con información de El Economista

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