Buscan ordenar avance de IA con certificación y nuevas reglas en Querétaro

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La UAQ y el Clúster de Tecnologías Digitales impulsan MagIA para establecer una ruta común para el uso responsable de la Inteligencia Artificial en Querétaro

Mientras universidades, empresas y dependencias públicas de Querétaro incorporan Inteligencia Artificial por rutas separadas, académicos y empresarios buscan construir un marco común para evaluar cómo se utiliza esta tecnología, acompañar su adopción y, eventualmente, llevar propuestas de regulación y política pública al Congreso del estado.

Ese es el alcance de MagIA (Marco de Acción para la Gestión de la Inteligencia Artificial del estado de Querétaro), proyecto impulsado por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) y el Clúster de Tecnologías Digitales (TD), que pretende pasar de la vinculación entre sectores a un esquema de diagnóstico, capacitación y certificación.

El profesor e investigador de la UAQ, Hugo Rodríguez Reséndiz, explicó que la iniciativa surgió ante el crecimiento acelerado de la IA y la ausencia de una ruta estatal compartida. “Cada quien está haciendo por su cuenta. Los que están en el ecosistema privado empresarial compran, adquieren, licencian o desarrollan, pero lo hace cada quien desde su cuenta. Lo que estamos tratando de hacer es una convocatoria para hacer cosas juntos”, señaló.

Miguel Ángel Carapia González, presidente del Clúster TD, resumió el escenario con una analogía: “Lo que está sucediendo en Querétaro es que hay un tiro de escopeta en donde sale el tiro para todos lados y cuántos pegan, pues pegan muy poquitos”.

IA crece de una ruta común

La propuesta parte de un diagnóstico: la IA ya se incorpora a procesos productivos, académicos y gubernamentales, pero sin criterios homogéneos sobre ética, protección de datos, especialización o evaluación de resultados.

Rodríguez Reséndiz indicó que MagIA toma como referencia lineamientos de organismos como la UNESCO, la OCDE y la Unión Europea, ante la falta de un marco nacional consolidado.

Mientras que Carapia González advirtió que la velocidad de adopción también genera errores. Relató que han identificado contenidos con información ajena al contexto mexicano porque nadie revisó el resultado.

“Todo mundo habla de Inteligencia Artificial, todo mundo cree saber qué es Inteligencia Artificial y todo mundo se quiere montar en esa ola. Es válido, pero ir tan rápido causa que vaya trompicado”, afirmó.

Tres niveles para medir el uso de IA

Uno de los componentes que los promotores buscan implementar son los distintivos MagIA, mediante los cuales las organizaciones serían evaluadas en tres niveles de madurez en el uso de Inteligencia Artificial.

Rodríguez Reséndiz explicó que el diagnóstico contempla productividad, uso responsable, políticas de datos, capacitación de personal y grado de especialización. A partir de los resultados, las organizaciones recibirían acompañamiento para corregir deficiencias y avanzar al siguiente nivel.

“El proyecto sería incompleto si solamente nos dedicamos a calificar en qué nivel están”, agregó Miguel Ángel Carapia. La intención, dijo, es identificar necesidades, capacitar personal y seleccionar herramientas especializadas según el sector.

Así, una institución de salud no tendría por qué depender de un modelo generalista si existen herramientas entrenadas para ese campo. La propuesta es que la adopción tecnológica responda al problema que se pretende resolver y no únicamente a la disponibilidad de una plataforma.

El investigador aseguró que los tres niveles conducirían posteriormente a un proceso de certificación respaldado por un estándar que, según los impulsores de MagIA, buscaría convertirse en un referente nacional.

Del distintivo a las políticas públicas

El proyecto pretende ir más allá de las empresas. Una vez consolidado el marco, sus promotores plantean presentar sus conclusiones ante el Congreso de Querétaro para abrir una discusión sobre directrices en materia de Inteligencia Artificial.

“Una vez que tengamos ya el marco consolidado, llegar al Congreso local y poder establecer algunas directrices en las comisiones específicas”, adelantó el académico.

Además, sostuvo que la intención también es generar elementos para discutir políticas públicas y, eventualmente, recursos destinados a proyectos de IA con participación conjunta de gobierno, universidades y empresas. Aclaró que la propuesta no implica que exista ya una partida presupuestal ni una regulación estatal; se trata de una etapa posterior.

Datos y privacidad frenan a empresas

La adopción de IA también ha abierto interrogantes sobre información confidencial. Rodríguez Reséndiz señaló que han encontrado empresas interesadas en utilizar modelos de lenguaje, pero que limitan su incorporación debido a dudas sobre el destino de los datos introducidos en plataformas externas.

“El problema es que los datos que metemos ahí de nuestros clientes, los datos de nuestros avances tecnológicos, se quedan en otro lugar”, explicó.

Por ello, MagIA plantea incorporar políticas de datos y seguridad dentro de sus evaluaciones, además de componentes éticos y jurídicos. En la UAQ participan especialistas de ingeniería, derecho, ética y bioética aplicada.

Asimismo, subrayó que meses atrás sostuvieron un encuentro con rectoras y rectores de nueve instituciones de educación superior del estado interesados en incorporarse a la iniciativa.

Para Miguel Ángel Carapia, ese carácter multidisciplinario es indispensable porque la IA ya no puede considerarse exclusivamente un asunto técnico: sus efectos alcanzan la economía, el derecho, la educación, la administración pública.

En ese escenario, la apuesta de MagIA será demostrar si la coordinación entre academia, empresas y gobierno puede convertirse en algo más que una mesa de diálogo. El desafío será traducir diagnósticos, distintivos y principios éticos en proyectos verificables y reglas útiles para un ecosistema que, como reconocen sus impulsores, avanza más rápido que la construcción de una ruta común.

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