Démosle la bienvenida a una nueva generación de lectores (parte tres)

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Hablar de libros y lectores supone hablar de realidades contrastantes en este país. Por un lado, es evidente que la lectura de libros no es uno de nuestros más sólidos hábitos, pues, como señalé antes en este espacio, los mexicanos solo leemos la magra cantidad de tres libros al año. Felizmente, hay motivos para sentirnos optimistas, ya que adolescentes y jóvenes son quienes más leen, de acuerdo con cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). El alentador dato pone en entredicho a los agoreros, quienes se empeñan en anunciar la desaparición de los libros y, por ende, de los espacios de lectura, ante los continuos embates de Internet y las redes sociales.

Uno de los primeros catastrofistas fue Mitchell Stephens, un profesor de periodismo, quien, en un ensayo que data de hace 34 años, acusó a la televisión, los videojuegos y los discos compactos de música de apropiarse del tiempo que solíamos dedicar a pensar y leer. En fechas mucho más recientes, el escritor Jeff Alworth (2024) se lamentó de que la difusión del conocimiento, que solía recaer en el libro impreso, haya migrado a Internet, recordando con tono nostálgico: “Solíamos encontrar en los libros el tipo de información destinada a perdurar; el conocimiento humano se catalogaba libro por libro y se resguardaba en las bibliotecas” (mi traducción).

Partiendo de una lógica similar, el catedrático paquistaní Riaz Laghari se declara en contra del libro electrónico para salir en defensa del impreso. En un ensayo intitulado “The death of reading” (“La muerte de la lectura”, 2025) señala: “Algunas investigaciones revelan que la lectura digital conduce a una retención, comprensión e involucración menor que las del libro impreso. En cambio, la experiencia táctil de sostener un libro y hojear sus páginas genera una conexión más profunda con el texto. Las pantallas son incapaces de replicar dichas experiencias” (mi traducción).

Si bien los autores antes citados tienen su parte de razón, lo cierto es que los libros están lejos de desaparecer o, para decirlo con una frase atribuida a José Zorrilla: “Los muertos que vos matáis gozan de cabal salud”.

Prueba de ello es la reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), ampliamente considerada como el foro de literatura en español más grande del mundo, que contó con una asistencia récord, cercana al millón de visitantes. Un total de 2 mil 790 sellos editoriales, provenientes de 64 países, puso 450 mil libros a disposición del público asistente, registrando un aumento del seis por ciento en ventas con respecto a la edición anterior.

De acuerdo con Riley Cooper (2025), uno de los géneros literarios en mayor expansión es el dirigido a los adultos jóvenes, puesto originalmente en el mapa por una serie de colosales ‘bestsellers’ encabezada por los siete volúmenes de “Harry Potter”, los cuatro de “Twilight” y los cinco de “Los juegos del hambre”, todos ellos posteriormente llevados a la pantalla cinematográfica. De hecho, me animaría a apostar que un segmento considerable de quienes leen ahora estas líneas se iniciaron en el hábito de la lectura gracias a alguna de estas obras. ¿O me equivoco?

 

(Continuará la próxima semana)

 

Referencias bibliográficas: San José, E. (2005). La FIL bate récords con la edición dedicada a Barcelona. “El País”, edición del 8 de diciembre. / San Juan Flores, P. (2025). La lectura recupera terreno en México. “El País”, edición del 18 de noviembre. / Cooper, R. (2025). “Is reading culture dead?” Whitman Wire. / Jeff Alworth (2024). “The death of books”. www.beervanablog.com  / Stephens, M. (1991). The death of reading. “Los Angeles Times”, edición del 22 de diciembre.

Démosle la bienvenida a una nueva generación de lectores (parte dos)

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