Las ideas más brillantes del siglo 21

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Parte 1: exploración espacial

En noviembre de 1572, hizo su aparición en los cielos una supernova de tan alta intensidad que nuestros antepasados tuvieron el privilegio de verla a simple vista. Sin embargo, la referida explosión estelar, que se alargó durante varias semanas, resultó imposible de estudiar por la sencilla razón de que aún no existían los telescopios. Habrían de pasar tres décadas para que Galileo Galilei se convirtiese en el primer humano en hacer uso de tan prodigiosa herramienta para escudriñar el firmamento.

Lo que pocos saben es que la curiosidad científica de Galileo fue tan amplia que también dio forma a una de las primeras versiones del microscopio. Con el afán de describir el nuevo artefacto, el físico alemán Giovanni Faber lo bautizó con el nombre de microscopio, en 1625. Como dato curioso, solo unos años atrás, Francis Bacon había articulado las reglas del método científico en su obra “Sobre la dignidad y progresos de las ciencias”.

No obstante, la revolución científica, enmarcada en los prodigios del Renacimiento y protagonizada por figuras como las mencionadas, no hubiese sido posible sin Nicolás Copérnico, cuya obra cimera “Sobre las revoluciones de las esferas celestes” (1543) significó un acontecimiento crucial en la historia de la ciencia, cuando se atrevió a especular que era la Tierra la que giraba alrededor del sol y no al revés.

Cinco siglos después, el desarrollo científico no deja de asombrarnos con sus descubrimientos, como podemos constatar en “Las 21 mejores ideas del siglo 21”, una serie de reportajes recién editada por la revista “New Scientist”. Los temas allí abordados van desde la exploración espacial hasta la biología evolutiva, pasando por las nuevas tecnologías y notables avances en materia de física, química, salud y bienestar, medio ambiente y neurociencia.

Para poner al tanto a nuestros lectores de la información más significativa de dichos reportes, dedicaré esta y las siguientes entregas de “De entrada por salida” a dicho propósito, empezando con los avances en exploración espacial, para luego cubrir, uno a uno, los restantes temas.

ASTRONOMÍA DE FENÓMENOS TRANSITORIOS. A diferencia de la astronomía tradicional, que estudia el movimiento regular de los astros, la nueva astronomía de fenómenos transitorios monitorea el universo en busca de eventos astrofísicos de duración limitada, desde las ráfagas de rayos gamma hasta las fusiones de agujeros negros. Con dicho objetivo en mente, el año pasado se empezó a fotografiar de manera sistemática el hemisferio celeste sur desde un telescopio astronómico situado en Chile. Se estima que en nueve años más, el telescopio habrá recolectado información proveniente de 40 mil millones de estrellas y galaxias, la cual permitirá documentar de manera precisa los variados y cambiantes fenómenos del universo.

LA PECULIAR NATURALEZA DE NUESTRO SISTEMA SOLAR. En los albores del siglo 21, cuando los astrónomos empezaron a llevar un registro puntual de otras estrellas y sus sistemas planetarios, cayeron en la cuenta de que nuestro sistema solar en poco se parece a otros. Para empezar, el Sol excede en tamaño al 90 por ciento de las otras estrellas y también carece de vecinas cercanas, como es el caso de muchas otras. Por otro lado, solo una de cada nueve estrellas tiene un planeta tan enorme como Júpiter y, cuando los hay, no se encuentran tan alejados de sus respectivas estrellas. Más extraño aún: los astrónomos no han encontrado un solo planeta que se parezca al nuestro entre los miles hasta ahora detectados en otras regiones del universo.

Fuente bibliográfica: The 21 best ideas of the 21st century (2026). “New Scientist”, edición del 19 de enero.

Démosle la bienvenida a una nueva generación de lectores (parte sexta y última)

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