Asertividad: el arte de la sinceridad compasiva (Parte tres)

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Considerando que la asertividad es el hábito de decir las cosas como son, siempre desde un marco de respeto, ¿qué tan asertivos crees que somos los mexicanos? En lo personal, considero que poco, puesto que, culturalmente hablando, damos de bandazos entre los extremos. Por un lado, nuestra pasividad ancestral nos impulsa a guardarnos lo que realmente pensamos y, por el otro, nuestro yo machista interior no mide las consecuencias de las barbaridades que acostumbra decir y hacer.

Hablando de mexicanidad, ¿quién sino Octavio Paz para ilustrarnos al respecto? En su modalidad pasiva, argumenta nuestro insigne paisano, el mexicano de tiempos atávicos se refugia en la simulación y en el mutismo. “Se disimula tanto su humana singularidad, comenta, que acaba por abolirla; y se vuelve piedra, muro, silencio: espacio” (op. cit., p. 19). Por el contrario, cuando nos consumimos en las brasas del machismo, atacamos verbalmente y humillamos: “Una palabra resume la agresividad, impasibilidad, invulnerabilidad, uso descarnado de la violencia y demás atributos del ‘macho’: poder... El poder arbitrario, la voluntad sin freno y sin cauce” (ibid., p. 36).

Conversando en una ocasión con un colega consultor con quien poco me identifico, este defendía con vehemencia la HONESTIDAD BRUTAL como manera de decir las cosas. Es decir, la franqueza desenfrenada, sin menoscabo del daño emocional que esta pueda causar a otros, ya que, según él, es este el lenguaje que impera en las empresas. Ignoro el calibre moral de las personas de las que se rodee mi colega, pero yo prefiero asociarme con personas asertivas, quienes me dirán las cosas sin rodeos, sin necesidad de recurrir a la agresión o la chabacanería. 

De acuerdo con Constanza Walsh, una especialista en asertividad, los individuos que favorecen un estilo de comunicación agresivo consideran que sus puntos de vista son superiores, tienden a culpar a los demás y pretenden que estos cedan a sus deseos. “Un sujeto agresivo, señala, posee un sentimiento de dominio que le genera una sensación de seguridad, ya que sus relaciones están basadas en el enojo y el temor” (op. cit., p. 30). Por su parte, Olga Castanyer plantea en su obra “Asertividad en el trabajo” que un jefe agresivo no quiere colaboradores, sino vasallos que acepten sin cuestionar sus decisiones. Un jefe así, asevera la psicoterapeuta española, suele comportarse de esta manera: “No duda en levantar el tono de voz, humillar, tratar despectivamente, chantajear, fomentar la inquina y pegar un puñetazo encima de la mesa si con ello logra sus objetivos” (op. cit., p. 27).

En contraste con los individuos arriba descritos, una persona asertiva, como ya apuntaba, se expresa con sinceridad, al tiempo que valora las opiniones de los demás. De acuerdo con James W. Williams, autor de un libro sobre el particular: “Un individuo asertivo es honesto, directo, considerado, respetuoso, seguro de sí mismo, firme en sus decisiones y capaz de hablar de manera clara y concisa sobre sí” (op. cit., p. 30). Sus frases distintivas son: “Lo lamento, pero en esta ocasión no estoy de acuerdo contigo”. “Me resulta imposible atender la reunión, sin embargo, gracias por tomarme en cuenta”, “No he tomado una decisión al respecto; te la comunicaré en su momento”, “Si bien entiendo lo que dices, tu comentario me parece fuera de lugar y te diré por qué”.

(Continuará la próxima semana).

Referencias bibliográficas:  Walsh, C. (2022). “La asertividad: Hacia una estima saludable y una comunicación exitosa”, edición de la autora. / Williams, J. W. (2020).  “Assertiveness training”. Orlando, Florida: Alakai Publishing. / Paz, O. (1998). “El laberinto de la soledad”. CDMX: Fondo de Cultura Económica.

Asertividad: el arte de la sinceridad compasiva (Parte dos)

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