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A raíz de la tragedia ocurrida en la Ciudad de México por la muerte de cuatro personas durante la masiva celebración mundialista, el psicólogo clínico Juan Carlos García Ramos advirtió sobre los riesgos de la euforia colectiva
Las celebraciones por el triunfo de la Selección Mexicana de Futbol contra su similar de Ecuador en el Mundial 2026, que reunieron a más de 1.4 millones de personas en la Ciudad de México y dejaron un saldo de cuatro personas fallecidas, evidencian cómo la euforia colectiva puede alterar la percepción del riesgo y propiciar conductas peligrosas, consideró el psicólogo clínico Juan Carlos García Ramos.
En entrevista con Códigoqro, el especialista explicó que este tipo de celebraciones generan un fenómeno de despersonalización, en el que la identidad individual queda temporalmente desplazada por el comportamiento del grupo.
“Las personas experimentan una pérdida temporal de la identidad individual y una pérdida de la percepción del peligro (…) No son actos de valentía; existe una ilusión de sentirse no vulnerables, de pensar que nada les va a pasar”, sostuvo.
García Ramos indicó que, aunque celebrar un triunfo deportivo es una expresión social legítima, la combinación de euforia, presión del grupo y, en algunos casos, consumo de alcohol puede disminuir el juicio crítico.
“No son ellos, es el colectivo. Lo que hace la masa termina sustituyendo el juicio individual y la percepción del peligro”, explicó.
El psicólogo clínico advirtió que las consecuencias de esa pérdida de control pueden ir más allá de la celebración.
“La línea entre la vida y la muerte se vuelve más delgada en este tipo de eventos”, dijo, al señalar que detrás de los festejos también existen personas lesionadas, víctimas de agresiones y familias que enfrentan pérdidas.
Rumbo al próximo partido de la Selección Mexicana, programado para este domingo ante el combinado inglés, llamó a mantener la celebración dentro de límites seguros y recordó que el entusiasmo deportivo es pasajero.
“Sí podemos ser felices y disfrutar un triunfo, pero sin perder de vista que toda celebración tiene un límite y que el bienestar también debe construirse en la vida cotidiana, no únicamente alrededor del futbol”, concluyó.