La Covid-19 nos está enseñando que los procesos biológicos que manifiesta deben seguir un tratamiento farmacológico u otros disponibles, pero también, dados los factores psicológicos y sociales que genera, es importante la mirada de otras disciplinas, como lo son la psicología, la nutrición y la rehabilitación física, entre otras. En general, se ha tenido que recurrir a toda disciplina científica posible para afrontar la crisis sanitaria de esta pandemia.
La psicología, encargada de evaluar el comportamiento de las personas para generar cambios en nuestro estilo de vida habitual, en el campo de la prevención y la promoción a la salud, ha requerido conocer elementos como las cogniciones, las emociones y los factores sociales y culturales de la conducta. Al tiempo transcurrido de la pandemia, se cuenta con información sobre los procesos psicológicos involucrados en la respuesta ante la Covid-19 y con elementos técnicos para una adecuada contención emocional y atención psicológica.
Sabemos, por referencia de voz de muchas personas atendidas, que los factores que más afectan al estado físico y psicológico son la pérdida de hábitos y rutinas saludables y el estrés psicosocial. Esto implica: el miedo a la infección por el coronavirus y estar enfermo; los sentimientos de frustración y aburrimiento; no poder cubrir las necesidades básicas; no disponer de información clara y certera; contar con problemas de salud mental previos; tener problemas económicos; el estigma y rechazo social al estar infectado; la gravedad de los síntomas presentados; la posibilidad de ser hospitalizado y, probablemente, intubado; entre los más destacados.
También conocemos que el SARS-CoV-2 ataca al sistema respiratorio y al nervioso. Algunos científicos sospechan que la Covid-19 causa insuficiencia respiratoria y muerte no por daño a los pulmones, sino al cerebro. Los reportes de varios estudios (China, España, Italia, Francia, Brasil, EUA) muestran que gran parte de los pacientes desarrolla, al menos, un síntoma neurológico. Las manifestaciones van desde cefaleas y mareos, hasta estados de coma; dolores musculares de origen nervioso, insomnio, ansiedad o algún trastorno de la conciencia, memoria, atención y concentración. También se reporta la pérdida prolongada del olfato, sensaciones de hormigueo, dificultad para hablar, ataques cerebrales y convulsiones.
Lo anterior se puede explicar porque, a pesar de que la barrera hematoencefálica impide que un virus patógeno en el cuerpo entre al cerebro, algo sucede con las defensas, que “permiten” que este llegue hasta las neuronas y filtran los tóxicos, bacterias y virus incluidos en el torrente sanguíneo. Se cree que el efecto neurológico del virus es resultado indirecto de la falta de oxígeno en el cerebro o subproducto de la respuesta inflamatoria del cuerpo. En este sentido, se sospecha que el virus causa insuficiencia respiratoria y muerte no por daños en los pulmones, sino por daños en el tronco encefálico, el centro de comando que garantiza que sigamos respirando incluso cuando estamos inconscientes. Se ha sugerido que si el SARS-CoV-2 puede cruzar la barrera de protección al cerebro y llegar al núcleo del sistema nervioso central, este puede permanecer allí, con el potencial de aparecer años después.
Por ello es importante dar seguimiento y rehabilitación psiconeurológica a pacientes que en su lucha contra la pandemia hayan salido de una intubación, a los que estuvieron en recuperación en un hospital, en casa y a las personas que fueron expuestas ante otras que fueron contagiadas y no se les realizó la prueba. Significa que si en el futuro inmediato se tienen síntomas neurológicos, es posible que estos puedan estar relacionados con el SARS-CoV-2.
Nos enfrentamos a una pandemia secundaria de enfermedades neurológicas y para ello debe estar preparado el equipo de salud mental. Me atrevería a proponer que muchos de los gimnasios, hoy cerrados temporalmente, puedan acondicionar espacio para ofrecer una rehabilitación neurológica o, en su caso, llevar la actividad física a rango constitucional.
Psicólogo Clínico, Twitter @psicgarcia* Presidente del Colegio Estatal de Psicólogos de Querétaro, AC y Psicólogo clínico adscrito al Hospital General del IMSS-Querétaro.