Démosle la bienvenida a una nueva generación de lectores (parte cuatro)

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Una noticia buena y una mala: la buena es que adolescentes y jóvenes, como se ha referido antes en este espacio, son el sector de la población que más lee en este país, por lo que bien haríamos en seguir su ejemplo. La mala es que, debido a nuestro apresurado estilo de vida y otros factores, quienes gozamos del hábito de la lectura cada vez disponemos de menos tiempo para leer.

Con cierto dejo de nostalgia, Cristóbal Bley, un periodista y bloguero chileno, reflexiona al respecto: “Nadie, que yo sepa, se alegra por haber dejado de leer. Algunos lo intentan, otros se rindieron, pero todos echan de menos los libros. Los extrañan como a un familiar muerto, alguien que legó buenos momentos y varias enseñanzas, pero cuyo recuerdo solo puede desvanecerse”.

En un artículo alusivo al tema, la especialista en creación de contenido Mariana Sofía Jiménez Nájera admite que su muy personal afición a la lectura ha ido en declive por su asiduidad a los dispositivos tecnológicos, situación que de seguro le resultará sumamente familiar a quienes leen estas líneas, ya que un individuo promedio consume seis horas y media al día haciendo uso de dichos adminículos.

“Son tantos los mecanismos que se han inventado para tenernos enganchados, como el ‘infinite scroll’ o los algoritmos que están apegados a nuestros gustos, que no es sencillo dejar de ver nuestras pantallas”, confirma la citada autora.

Por fortuna, la tecnología también nos puede ayudar a fortalecer nuestro hábito de lectura en vez de solo erosionarlo.

Es el caso de Kindle, el lector de libros electrónicos introducido al mercado por Amazon en 2007 y que, gracias a su interfase con las redes de la compañía, permite acceder a una veintena de libros a la vez. Lástima que el afán comercial impida sacarle un mejor provecho a esta herramienta, pues, técnicamente hablando, un Kindle de 32 GB tendría la capacidad de alojar hasta 15 mil libros digitales, de acuerdo con los expertos.

Y ya que estamos en el terreno de la imaginación, considerando que Amazon ofrece 12 millones de libros en formato electrónico, si un individuo poseyese el don de la inmortalidad y estuviese dispuesto a leer todos y cada uno de dichos libros al ritmo de uno por día, de acuerdo con mis cálculos requeriría la friolera de 32 mil 816 años para leer todos y cada uno de ellos. Para darnos una idea de lo que esto implica, baste con señalar que hace 32 mil años los últimos neandertales aún rondaban por las llanuras ibéricas (rendidas disculpas al lector / lectora por tan injustificable digresión pseudoborgiana).

Regresando al tema, la lectura digital posee evidentes ventajas: 1) es práctica (los dispositivos de lectura recientes no llegan a los 200 gramos y caben en cualquier bolsillo), 2) es económica (el libro electrónico es 40 a 60 por ciento más barato que el impreso) y, sobre todo, 3) es claramente ecológica (por el cero desperdicio de papel).

No me considero un mal lector de libros electrónicos, pero seré el primero en reconocer que Chris, mi esposa, me supera en todos los sentidos: Amazon le acaba de hacer saber que, de acuerdo con sus registros, ella leyó nada menos que ¡80 libros! en su Kindle en el año recién concluido. Cierto, nuestros adolescentes y jóvenes son quienes más leen; sin embargo, me permitiría concederles también su parte de crédito a todos aquellos extraordinarios lectores y lectoras que militan en las filas de la generación X, los baby boomers y los millennials.

(Continuará la próxima semana)

Referencias bibliográficas: Bley, C. (2025). Por qué cada vez leemos menos. “Libra” (revista colombiana en línea). / Jiménez Nájera, M.S. (2023). “¿Por qué hemos dejado de leer?” Instituto para el Futuro de la Educación, Tecnológico de Monterrey. 

Démosle la bienvenida a una nueva generación de lectores (parte tres)

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