Lo que viene…

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  1. ¡Atrapados!

Debo reconocer que, hasta la semana pasada que sus declaraciones se hicieron virales, no tenía idea de quién era, entre los millones de “influencers” que existen, la creadora de contenidos Natalia Torres; tampoco había escuchado el podcast Leo y Nacho… Confieso no ser “fan” de las celebridades digitales y prefiero prestar atención a quienes se han formado en la trinchera y gozan de una trayectoria probada.

Pero cuando el tema llegó a la mañanera, obviamente, debía revisar el porqué de tanto revuelo; y así lo hice. De entrada, debo admitir que escuchar a una persona que se jacta de ser profesora de Teoría Constitucional y analista política decir que le “turbo vale madres” si no les pareció que hubiera dicho que Salinas de Gortari ha sido el mejor presidente de México y que lo volvería a decir 75 veces, me causa un poco de tiricia… y no por lo de Salinas, allá ella si lo defiende; sino por su forma de expresarse. ¡La forma es fondo! Y su léxico, para mí, es muestra de falta de autoridad, carencia de sobriedad argumentativa y empobrecimiento del debate.

La “influencer” sostuvo que “Morena sigue ganando”, porque “hay una percepción muy nublada de lo que es el voto” y propone que, para que este sea razonado, la ciudadanía: Primero, reciba cursos por parte del INE (o de un “órgano de información electoral”) sobre división de poderes, distribución de competencias y órdenes de gobierno; y, segundo, sea sometida y apruebe un examen para poder obtener la credencial de elector.

“Entonces yo te doy los cursos, yo te enseño y te digo tienes que hacer un examen; y si pasas, te doy tu credencial para votar y votas”, expuso y agregó: “Yo creo que no todas las personas podrían votar” y “Estoy tratando de eliminar la brecha entre educación pública y educación privada”.

Pero la cosa no paró ahí, pues la respuesta de Ignacio González Jáuregui, el coconductor del podcast, fue más allá: “Yo estoy de acuerdo, ¿cómo vas a tomar en cuenta el mismo voto de quien tiene maestría, doctorado o si hizo su servicio militar, a una persona que cumplió 18 años y, con todo respeto, lo único que va a hacer es levantarse y echar la hueva todo el día?”.

Enseguida, González Jáuregui le preguntó a Natalia: “La vez pasada nos dijiste que preferías una mala democracia que una buena dictadura, ¿sigues manteniendo esa postura?”, a lo que ella respondió: “No, creo que no”. Entonces él acotó: “¡Ya somos fan de la dictadura! Una buena dictadura no suena mal, un buen dictador… es que yo creo que cada vez la gente se va dando más cuenta de que la democracia… ¡Puta madre!”. 

Las opiniones de estas personas pueden resultar retrógradas, elitistas y disparatadas para unas y unos, mientras que otras y otros podrían incluso comulgar con su forma de pensar… A mí, francamente, solo me recordaron las crudas palabras del semiólogo Umberto Eco: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”.

Lo realmente penoso es que Claudia Sheinbaum y su equipo de trabajo, mediante el uso de recursos públicos, anden a la pepena en las redes, especialmente de entre la “legión de idiotas”, de publicaciones que permitan reforzar la narrativa ideologizante y de fidelización de la presidenta; y que, para ello, monten todo un espectáculo al que destinan gran parte de la mañanera con preguntas hechas “por encargo” disfrazadas de trabajo periodístico y videos preparados de antemano: “Ellos quieren que una élite gobierne México. (…) Es una visión en contra de las libertades, en contra de la democracia, muy autoritaria, pero, sobre todo, una visión que lo que muestra es un odio profundo al pueblo de México. Por eso no tienen posibilidad de crecer, porque con un pueblo, además, cada vez más consciente, pues cómo van a aceptar estas propuestas. Pero lo más increíble es que ahora se atreven a decirlas”.

Sin embargo, cuando se le pide un pronunciamiento en su calidad de jefa de Estado, sobre el anuncio del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, de que “no volverá a haber elecciones” en ese país para evitar que los opositores “atrapen el gobierno”, se achica y reduce su disertación pretextando “la autodeterminación de los pueblos y lo que decida el pueblo de Nicaragua”.

En la realidad paralela creada por la 4T y alimentada con narrativas como la aquí citada, los cuestionamientos sobre el voto, el autoritarismo y las dictaduras en gobiernos afines surgen con la intención de difundir información falsa y descontextualizada… por eso deben alarmarnos los “Lineamientos generales para la protección de los derechos de las audiencias” que el gobierno federal se encamina a imponer. 

A Morena los derechos de las audiencias “le turbo valen madres”, y eso ha quedado más que claro en las mañaneras… Lo que viene es acallar inconformidades y mantenerse en el poder a toda costa.

¡Atrapados!

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