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La voz de la “Diva del Soul” se apagó para siempre el 23 de julio de 2011, dejando éxitos como “Rehab”, “Back to Black” y “Valerie”
Con la muerte de Amy Winehouse hace 15 años, la música británica quedó huérfana de una de las voces más singulares de su historia y ha buscado sin descanso a su heredera, sin entender que su verdadero logro fue dinamitar las reglas de la industria para dar paso a una nueva generación de mujeres artistas.
La etiqueta de la “nueva Amy” es una losa pesada que las voces femeninas británicas que vinieron después, como las de Adele, Raye o, más recientemente, la joven promesa Sienna Spiro, han tenido y tienen que soportar. Aunque todas ellas coinciden en nombrar a Winehouse como inspiración para su música.
Una leyenda con estilo propio
Amy Jade Winehouse nació en 1983 en Enfield, al norte de Londres, en el seno de una familia judía vinculada al jazz, especialmente por parte de su padre, Mitch, y de su abuela Cynthia.
Artistas como Frank Sinatra, Tony Bennett o The Ronettes pusieron banda sonora a la infancia de la joven Amy y serían su principal referencia a la hora de empezar en la música. Se formó en la escuela de teatro Sylvia Young y luego en la BRIT School, la gran cantera de voces londinenses.
Su carrera despegó en 2003, tras firmar su primer contrato discográfico con el lanzamiento de su álbum debut “Frank”, en honor a Sinatra, y abarcaría dos discos más, “Back to Black” y “Lioness: Hidden Treasures”, publicado meses después de su muerte.
La capacidad interpretativa de Amy, unida a su característica imagen con el pelo a lo 'beehive' y la raya del ojo muy marcada, más sus desgarradoras letras, la catapultaron al éxito mundial.
Un tortuoso amor, fuente de sus mejores temas
A la par que, en los escenarios, la vida de Amy transcurría en los pubs de Camden. Allí iba a cantar o servía tragos detrás de la barra, y allí conoció también al gran amor de su vida, Blake Fielder-Civil, con quien se casaría en 2007 y se divorciaría dos años más tarde.
Su tormentosa relación, llena de infidelidades, alcohol y drogas, serviría de inspiración a la cantante londinense para algunos de sus temas más exitosos, pero también llevaría a Amy a tocar fondo, obligándola a lidiar con trastornos alimenticios, adicciones y depresión al mismo tiempo que su fama iba en ascenso.
Con información de Agencia EFE