Para la reflexión…

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En un contexto internacional tan complejo, resulta inexplicable que la presidenta Claudia Sheinbaum no haya asistido a la edición 56a. del Foro Económico Mundial de Davos (Suiza) que se llevó a cabo la semana pasada y a la que asistieron alrededor de 3 mil líderes económicos y políticos del mundo.

En lugar de aprovechar la oportunidad de dialogar con quienes están tomando las decisiones a nivel global, la mandataria prefirió enviar a la secretaria de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Alicia Bárcena, y a su amiga empresaria, Altagracia Gómez, coordinadora del Consejo Asesor de Desarrollo Económico Regional y Relocalización (CADERR). Simplemente desaprovechó la coyuntura y mostró que la etiqueta de “estadista” no es para ella.

Ahí, por ejemplo, en un histórico discurso, el primer ministro de Canadá (un importante socio comercial de México) Mark Carney, declaró que el mundo atraviesa, no por una “transición”, sino por una “ruptura en la que los grandes poderes están utilizando la integración económica como un arma”; el “viejo orden mundial está roto” y no volverá, por lo que llamó a los países a unirse frente a “las grandes potencias” que han desmantelado un mundo basado en normas.

Sheinbaum despreció un foro en el que pudo haber pronunciado un mensaje con altura de miras que se escuchara fuerte en el mundo… y tuvo que conformarse con declarar en su pequeño “espacio seguro” (la mañanera): “Muy buen discurso de Carney, del primer ministro Carney, no sé si lo oyeron, a tono con los momentos actuales”… El primer ministro canadiense, por cierto, también sentenció: “Si no estás en la mesa, ¡estás en el menú!”.

Al no acudir a Davos, la mandataria desechó la ocasión de escuchar de viva voz las palabras de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, sin importar que en febrero se llevará a cabo la firma del Acuerdo Global Modernizado México-Unión Europea.

“El orden mundial fundado en la cooperación que imaginábamos hace 25 años no se ha hecho realidad. En cambio, hemos entrado en una nueva era de dura competencia geoestratégica. (…) Las normas que rigen las relaciones entre potencias mundiales están cambiando. No debemos dar nada por sentado. Y aunque a algunos en Europa no les guste esta nueva realidad, estamos preparados para afrontarla. Nuestros valores no cambian. Pero para defender estos valores en un mundo cambiante, debemos cambiar nuestra forma de actuar. Debemos buscar nuevas oportunidades donde quiera que surjan. Este es el momento de actuar más allá de los bloques y tabúes. Y Europa está preparada para el cambio”, dijo Von der Leyen.

Y, lo más sorprendente, dejó pasar la posibilidad de tener frente a sí al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien ha colocado a nuestro país contra la pared, acorralado y con muy poco margen de maniobra… ¿o será que precisamente es lo que quiso evitar?

“Sin nosotros la mayoría de países no funciona. Y además ofrecemos un factor de protección con nuestro poder militar, que es el más grande en el mundo con diferencia. Sin nuestras Fuerzas Armadas tendrían amenazas que no se creerían. No tienen amenazas gracias a nosotros y a la OTAN”, aseguró Trump.

Desgraciadamente, no tiene sentido volver la vista atrás: Claudia Sheinbaum se autoexcluyó y de ello quedará constancia en las páginas de la historia. Lo más importante hoy para nuestro país es ver hacia adelante y construir una estrategia de diálogo en el ámbito internacional, que anteponga los intereses de este país y de los mexicanos… ¡no de su clase política!

La semana pasada referí en este espacio el mensaje de Año Nuevo del Papa León XIV al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, un documento que no tiene desperdicio y que resulta esencial retomarlo, tras lo visto en Davos.

El Sumo Pontífice expresó que uno de los principales retos de nuestro tiempo es redescubrir el significado de las palabras: “El lenguaje ya no es el medio preferido por los seres humanos para conocerse y relacionarse entre sí. Además, en las contorsiones de la ambigüedad semántica, el lenguaje se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar, o golpear y ofender a los oponentes”.

Y las palabras, subraya, “deben volver a expresar ciertas realidades de forma inequívoca. Sólo así podrá reanudarse el diálogo auténtico sin malentendidos. Esto debería ocurrir en nuestros hogares y espacios públicos, en la política, en los medios de comunicación y en las redes sociales. Del mismo modo, debería ocurrir en el contexto de las relaciones internacionales y el multilateralismo, para que este último pueda recuperar la fuerza precisa para desempeñar su papel de encuentro y mediación. Esto es realmente necesario para prevenir conflictos y garantizar que nadie se vea tentado a imponerse a los demás mediante la mentalidad de la fuerza, ya sea verbal, física o militar”.

¡Mensaje para la reflexión, sin lugar a dudas! 

Las señales están frente a nuestras narices…