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José Alberto Rodríguez, especialista de la UAQ, advierte que el crecimiento en Querétaro obliga a evaluar la calidad del aire y la dispersión de contaminantes tras datos del ProAire
El crecimiento urbano e industrial de Querétaro obliga a revisar cómo se dispersan los contaminantes y si las condiciones meteorológicas que históricamente influían en su comportamiento se mantienen, señaló José Alberto Rodríguez Morales, académico de la Facultad de Ingeniería de la UAQ.
El doctor en Ingeniería Civil, Ordenación del Territorio y Medio Ambiente explicó que la ciudad ha cambiado en las últimas décadas por el aumento de población y la expansión de zonas industriales.
“Con el aumento de la población habría que checar si todavía se conservan las condiciones meteorológicas, que están muy apegadas a la concentración de partículas”, afirmó.
Rodríguez Morales recordó que, cuando participó en la antigua red manual de monitoreo ambiental, era posible identificar con mayor claridad ciertos patrones de viento y dispersión. Señaló que hoy deben revisarse con datos actuales y no asumirse como condiciones permanentes.
Para determinar si una ciudad enfrenta un problema estructural de contaminación, dijo, deben analizarse la persistencia temporal, la amplitud espacial y la relación con las condiciones meteorológicas.
“Cuando se superan de manera constante los límites normativos o marcados por la OMS, a lo largo de ciclos anuales, entonces esa es la persistencia temporal”, dijo.
La entrevista se realizó tras la publicación del ProAire 2026-2035, que calculó 339 defunciones atribuibles a PM10 en el municipio de Querétaro durante 2025. Rodríguez Morales precisó que se trata de una modelación poblacional, no de una causa directa de cada fallecimiento.
Exposición prolongada puede agravar enfermedades
Explicó que las partículas pequeñas pueden ingresar al sistema respiratorio y, con exposición prolongada, agravar asma y enfermedades pulmonares obstructivas, además de relacionarse con menor función pulmonar y eventos cardiovasculares.
Añadió que reducir la exposición requiere monitoreo constante, transporte público eficiente, infraestructura peatonal y ciclista y mayor cobertura vegetal.