Los síntomas de la ansiedad aparecen de manera repentina o gradual en el transcurso de minutos, horas o días, además la duración y la intensidad de estos es muy variable
El trastorno de
ansiedad implica la existencia de un
estado crónico de angustia, el cual puede provocar síntomas como
sudoración, sensación de falta de aire, mareos, aumento de la frecuencia cardíaca, temblores, entre otros.
Además está relacionada con la
sensación de miedo, pues es una respuesta a una amenaza o estrés psicológico. La ansiedad se considera patológica cuando aparece en momentos inapropiados de manera frecuente.
Las
causas de los trastornos de ansiedad no se conocen del todo, aunque se sabe que implican
factores físicos y psicológicos, también es probable que exista un factor hereditario, la existencia de una enfermedad física o al uso de algún medicamento o droga.
Los
síntomas aparecen de manera repentina o gradual en el transcurso de minutos, horas o días, además la duración y la intensidad de estos es muy variable. La persona puede experimentar
sensación de ahogo o falta de aire, mareos, aumento de la frecuencia cardíaca y temblores.
El
diagnóstico del trastorno se realiza con base en criterios específicos establecidos por la comunidad médica, aunque se basa fundamentalmente en la sintomatología, de acuerdo con el
Manual de Merck de Información Médica General.
Además la ansiedad también puede derivar otros trastornos como el trastorno por
ansiedad generalizada, ansiedad inducida por fármacos o problemas médicos, ataques de pánico, trastorno por estrés agudo, trastorno por estrés postraumático y el trastorno obsesivo compulsivo.
También se pueden desarrollar algunas fobias como la
agorafobia, fobia social, entre otras.
El
tratamiento deriva de la precisión diagnóstica ya que difieren en función del trastorno de ansiedad que se trate, por ello es importante que si presentas algún síntoma acudas con un especialista, para que tengas una vida sana y feliz.
Es importante que las personas con ansiedad se traten, ya que estos trastornos son los más frecuentes y presentan un riesgo más elevado de depresión que el resto de la población.