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El proyecto de la UAQ, denominado Pies eléctricos, caminando hacia el futuro, busca aprovechar la energía desperdiciada del tránsito peatonal para convertirla en electricidad
La generación de energía a partir del tránsito peatonal comienza a perfilarse como una alternativa viable en entornos urbanos. Estudiantes de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) desarrollaron un prototipo que transforma la energía mecánica de las pisadas en electricidad utilizable, con potencial de aplicación en espacios públicos de alta afluencia.
El desarrollo, denominado Pies eléctricos, caminando hacia el futuro, fue creado por Luis Fernando Pérez Téllez y Samuel Isaac Martínez Leyva, alumnos de octavo semestre de Ingeniería en Automatización, quienes plantean aprovechar un recurso cotidiano que actualmente se desperdicia: la energía generada al caminar.
“En cruces peatonales, plazas públicas o gimnasios se puede canalizar la energía que hoy está prácticamente perdida”, explicó Pérez Téllez, al señalar que ciudades como Querétaro cuentan con múltiples puntos donde el flujo de personas podría convertirse en una fuente constante de generación.
Explicaron que el sistema funciona a partir de sensores piezoeléctricos instalados bajo superficies transitadas. Estos dispositivos generan pequeños impulsos eléctricos al deformarse con cada pisada. Aunque cada pulso es de baja intensidad, el diseño permite acumularlos y convertirlos en energía aprovechable.
“Un sensor piezoeléctrico es un material que, al deformarse, genera un pulso eléctrico, aunque es muy bajo y dura muy poco. La idea es conectar varios en serie o en paralelo para aumentar el voltaje o la corriente”, detalló Martínez Leyva.
Para evitar la pérdida de energía, el prototipo incorpora un sistema de almacenamiento basado en capacitores que concentran el voltaje generado.
Posteriormente, esta energía se transfiere a baterías de litio, desde donde puede utilizarse directamente o convertirse en corriente alterna mediante un inversor.
“La intención es que este pulso no se pierda, sino que se almacene. Después lo llevamos a baterías y, si es necesario, a un inversor para poder usarlo como la electricidad convencional”, agregó el estudiante.
En su estado actual, el dispositivo alcanza una generación aproximada de 12 watts, suficiente para encender una luminaria LED tras un periodo de acumulación. No obstante, el verdadero potencial del proyecto radica en su escalabilidad.
“Se prende una lámpara de 12 watts, pero esto es resultado de varias pisadas. La energía tiene que acumularse para poder utilizarse”, explicó Martínez Leyva.
Los desarrolladores estiman que, mediante la instalación de 100 módulos, sería posible generar hasta un kilowatt de electricidad, lo que permitiría abastecer una vivienda durante aproximadamente cinco horas, siempre que exista un flujo constante de personas.
Este planteamiento abre la posibilidad de implementar la tecnología en espacios como estaciones de transporte, pasillos, plazas comerciales, parques o cruces peatonales, donde la densidad de usuarios favorecería la captación de energía.
A diferencia de otras fuentes renovables, como la solar o la eólica, este sistema propone un enfoque distinto: involucrar directamente a la población en la generación energética. “Nosotros estamos gastando energía todo el tiempo al movernos y queremos que esa energía se use en beneficio de la ciudadanía. Es una oportunidad interesante”, afirmó Martínez Leyva.
El proyecto surgió en el contexto de la búsqueda de soluciones frente a la crisis climática global. “Queríamos generar una metodología sustentable. Hoy el calentamiento global es una problemática grave y este tipo de energías pueden aportar alternativas”, señaló Pérez Téllez.
Sin embargo, el camino para materializar el prototipo implicó diversos retos técnicos. Uno de los principales fue comprender el comportamiento real de los sensores y la cantidad de energía que podían generar.
“La investigación de cómo hacerlo fue lo más complejo. Nosotros creíamos que la energía de una sola pieza era mucha, pero no. Tuvimos que hacer estudios para entender cuánto se podía almacenar y cómo aprovecharlo”, reconocieron.
El desarrollo requirió la integración de conocimientos en electrónica, programación y sistemas eléctricos, adquiridos durante su formación académica. Este proceso fue respaldado por el Fondo de Proyectos Especiales de Rectoría (FOPER), que permitió financiar la construcción del prototipo.
Otro de los aspectos que destacan los estudiantes es la viabilidad económica del sistema. “No requiere materiales costosos. Son componentes que se pueden conseguir fácilmente y a buen precio, lo que abre la posibilidad de implementarlo a mayor escala”, indicaron.
Pese a sus avances, el proyecto aún enfrenta áreas de mejora. Entre ellas, el fortalecimiento de la estructura para soportar mayores cargas, lo que permitiría ampliar su uso a otros entornos.
“Tenemos diversos puntos de mejora, como una base que pueda soportar más peso. No lo vemos como limitantes, sino como oportunidades para hacer el sistema más eficiente”, señaló Martínez Leyva.
Asimismo, buscan incrementar el rendimiento energético del prototipo. “Podríamos generar el doble de energía con la misma cantidad de pisadas si optimizamos el sistema. Ese es uno de los siguientes pasos”, añadieron.
Con miras a su implementación fuera del ámbito académico, los estudiantes consideran que será necesario gestionar financiamiento que permita escalar la tecnología y llevarla a espacios públicos.
“Queremos llevarlo a las calles. Buscamos algo innovador que entienda el contexto en el que vivimos y aporte desde las energías limpias”, concluyeron.
La propuesta de Pies eléctricos no solo plantea una alternativa técnica, sino también un cambio en la manera de concebir la generación de energía en las ciudades:
transformar una actividad cotidiana como caminar en una fuente potencial de electricidad.