Eres la historia que te cuentas sobre ti (primera parte)

Sabemos del azoro que sintió Chuang Tzu al soñarse mariposa, mismo que lo llevó a preguntarse, confundido: ¿soy un hombre que sueña ser mariposa o una mariposa que sueña ser hombre? A decir verdad, el desconcierto del maestro taoísta no debería resultarnos ajeno del todo, pues, ante una situación extrema, es posible que nos hayamos preguntado: ¿será acaso la hora de transformarme en una persona diferente a la que hasta ahora he sido?

Viéndolo despacio, el tema de la identidad personal no es tan complicado, pues bastará con respondernos con honestidad la pregunta “¿Y tú quién eres?”. Si te ha caracterizado un firme propósito de vida, la respuesta será por demás sencilla: “Soy un médico que antepone el bienestar de sus pacientes” o “soy una asesora de ventas que se enorgullece de procurar lo mejor para sus clientes”. Cierto, uno podrá ser eso y mil cosas más, pero frases como las anteriores apuntan a la esencia.

En términos llanos, la identidad personal es la historia que te cuentas sobre quién eres y corresponde a la narrativa distintiva de tu ser. Los expertos señalan que al salir de la niñez, estamos listos para solidificar nuestra identidad. Dan McAdams, catedrático de la Universidad Northwestern y pionero en el campo de la psicología narrativa, señala: “Las historias que nos contamos sobre nuestras experiencias personales empiezan a crecer en complejidad y detalle cuando transitamos de la niñez a la adolescencia y a los años adultos; es entonces que nos sentimos capaces y motivados para concebir nuestras vidas como narrativas completas e integradoras del ser” (op. cit., mi traducción, p. 4). Se atribuye a McAdams el concepto de IDENTIDAD NARRATIVA, descriptivo de las historias que nos contamos para tener claridad sobres quiénes somos. Si recurrimos al imaginario popular, bastará con recordar a Pedro Infante entonando con su voz de barítono ligero: “Yo soy quien soy / y no me parezco a nadie, / me cuadra el campo / y el chiflo de sus aires. / Mis compañeros / son mis buenos animales”.

En términos menos festivos y más reveladores, Albert Einstein da cuenta de una identidad narrativa caracterizada por la ausencia afectiva: “Soy en verdad un viajero solitario y nunca he entregado todo mi corazón a mi país, a mi casa o a mis amigos; ni siquiera a mi familia más inmediata. Ante todos estos vínculos he conservado una sensación de distancia y una necesidad de soledad, sentimiento que ha aumentado con los años” (op. cit., p. 21).

El filósofo español Fernando Brocano se une a las filas de la psicología narrativa en su libro “Sujetos en la niebla” (2013), en el que aborda la constitución narrativa de la identidad de esta manera: “La identidad está unida a lo narrativo por robustos lazos y debe recorrerse como un sendero... La identidad es narrativa también en cuanto es fruto de la capacidad de ser contada” (p. 13). A diferencia de los animales, que viven su realidad por medio del instinto, el acontecer humano se manifiesta como un complejo orden de experiencias.

Reservo el crédito principal para Paul Ricoeur, el pensador francés, quien fue el primero en abordar la identidad como un cúmulo de narrativas. En “Tiempo y narración” (1983), plantea que la vida humana sobrepasa el nivel de lo meramente biológico, pues se estructura como un orden de acontecimientos que se articula en un todo. Igual que en las obras literarias, el hilo conductor está constituido por un narrador y una trama, que integran nuestra biografía.

(Continuará la semana entrante)

Referencias bibliográficas: Einstein, A. (2020). “Mi credo humanista”. CDMX: Libros Duman (publicación original, 1946). / McAdams, D. (2006). “Identity and story: Creating self in narrative”. American Psychological Association.

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