Si camina como pato…

Han pasado los días y sigo impactada de que la presidenta Claudia Sheinbaum haya llevado a Palacio Nacional al pato Merlín. Por ello, continúo buscando explicaciones.

Públicamente dijo que fue “un asunto de humanismo”, de dar a conocer a la familia y su problemática: “El día de hoy nos acompañan. Y realmente lo que queremos es que conozcan a las personas; a Merlín también, pero Merlín ya es muy famoso; pero la familia es quien está cuidando y está haciendo de México un país grande, como los millones de familias mexicanas que trabajan todos los días. (…) Karla nos ha platicado distintos temas de la vida que llevan. Y, por supuesto, les vamos a ayudar a que esta fama que han adquirido, pues a través de nosotros, se traduzca en mejora en su calidad de vida”.

Sin embargo, la acotación que hizo lleva a pensar que, en realidad, se trató de proselitismo en favor de Morena y su gobierno, usufructuando la viralización y penetración masiva de la figura de un pequeño y gracioso ser con pico aplanado, patas cortas y playera de la Selección Mexicana de Futbol: “Lo que es increíble, cómo muchas familias mexicanas siempre salen adelante de manera honesta, trabajando duro. Y pues lo que hay que hacer es ayudar, como hacemos en el Gobierno de México. Los Programas de Bienestar son eso: apoyo, ayuda, no dejar a nadie atrás”.

Pero, por otro lado, la aseveración de la propia Karla acerca de que ella y su familia (sus hijos Carlos y Cristian, y el bebé Merlín) no representan esa parte “que dicen que ‘son muertes’, que ‘son cosas difíciles’. No, somos la parte trabajadora; somos esa parte de la buena familia, la familia mexicana”, asemejó más bien la lectura a pie juntillas de un guion cinematográfico recibido previamente para montar un espectáculo y maquillar una realidad que tiene a la presidenta sumida en una crisis en varios frentes.

Karla y su familia, a pesar del encantador patito, forman parte -junto con las madres buscadoras– de la estructura más vulnerable del país. ¿Acaso no es una “cosa difícil” que una madre subsista en el sector informal, críe a un hijo con un trastorno de psicosis y su otro menor de edad estudie y trabaje sin descanso, como la propia mujer narró? ¡Por supuesto que lo es, aunque su situación haya sido romantizada en una escena vista por millones de personas a través de la televisión, cual capítulo de La Rosa de Guadalupe!

¿O lo que vimos fue una estrategia para “capitalizar” el descontento social, vía darle voz a un sector social históricamente ignorado?

¿Fue una táctica populista de la mandataria para monopolizar la defensa de los intereses del pueblo representados en Merlín y su familia, explotando las emociones de los espectadores?

¿Quiso recordar que las “buenas familias”, surgidas del esfuerzo -como la del patito- son la esencia que da vida a la 4T?
¿Quizá se trató de una maniobra para colocarse del lado de la mascota del mundial surgida espontáneamente del pueblo bueno y trabajador, y no del alce, el jaguar y el águila calva impuestos por la élite (FIFA)?

¿Fue un distractor para evitar preguntas sobre las tensiones con Estados Unidos, los vínculos de personajes prominentes de su partido con el crimen organizado, los arreglos con la CNTE, etcétera?

 … Y no es que uno sea malpensado o “contreras”, es simplemente que: “Si camina como pato, grazna como pato y nada como pato, entonces es un pato”.

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