Cuando la Exposición Ganadera e Industrial de Querétaro aún se celebraba en terrenos cercanos a la Central de Abastos, uno de los espectáculos que más disfrutaba era el del cobijero, en quien admiraba su capacidad retórica. Rodeado de cobertores de variados estampados y colores, su machacón sonsonete era inimitable: “Le traigo cobertores de San Marcos... calientitos... suavecitos... ¡van de remate!... este del tigre se va en seiscientos... pa’ que se anime, le voy a dar una colcha de regalo... A mí qué me importa, échele otro... ¡mire qué bonito el del caballo!... y échele este otro también...”.
Esta escena, que de seguro todos recordamos, no es del todo diferente del intenso trajín que caracteriza nuestro trabajo diario. Empezamos la jornada laboral haciéndonos cargo de un pendiente, después viene otro... y luego sale otro. Cuando, agotados, ya no damos una, pareciera que el jefe estuviese repitiendo ad nauseam: “¡Échale otro...y este otro...y uno más...”.
Si no tomamos medidas para preservar nuestro bienestar personal, el temido ‘burnout’ nos pondrá en la lona. En mi caso, después de mil salvadas de balón, acabé en un hospital a cientos de kilómetros de casa. La advertencia médica no pudo ser más clara: “Allá tú, o le paras o le paras”. Tiempo después me di cuenta de que siempre estuvo en mí no caer en el “échale otro...” si me lo hubiese propuesto.
En fechas recientes, un colega y yo nos dimos a la tarea de documentar una serie de instancias que propician el estrés laboral en un grupo de jóvenes profesionistas con los que trabajamos en un espacio de capacitación. El resultado fue una interminable lista, que incluía: “exceso de responsabilidades”, “falta de concentración”, “sentir una niebla mental”, “sobrepensar las cosas”, “convertirme en todólogo”, “coordinar gente con mala actitud”, “no tener tiempo para mí” y “explosión de emociones”.
A partir de estos y otros síntomas, identificamos los causantes del ‘burnout’ en este grupo: sentirse abrumado por preocupaciones personales, malestar y dolencias físicas, descuido en el consumo de alimentos, tiempo para dormir insuficiente, malestar emocional y sensación de que el tiempo no alcanza para todo lo que hay que hacer.
Para garantizar el bienestar laboral, el gobierno federal emitió la Norma Oficial Mexicana NOM-035-STPS-2018. Dicha norma obliga a las empresas a identificar, analizar y prevenir el estrés y otros factores de riesgo psicosocial en sus trabajadores. Para tal propósito, estas deben aplicar evaluaciones periódicas con el fin de detectar posibles jornadas extenuantes, liderazgo nocivo, acoso psicológico, hostigamiento y malos tratos, así como prevenir y sancionar dichos factores.
Se procura también favorecer un clima de apoyo mutuo y respeto; asignar cargas de trabajo adecuadas; privilegiar el reconocimiento del desempeño y proporcionar atención médica a empleados que hayan sufrido acontecimientos traumáticos severos o que presenten alteraciones de salud mental provocadas por el estrés.
La NOM 035 se encarga también de vigilar la calidad y extensión de los turnos laborales para evitar jornadas desgastantes y la frecuente rotación de turnos. Insta además a las empresas a garantizar un equilibrio en la relación trabajo-familia, asegurándose de que las responsabilidades del puesto no interfieran con el tiempo destinado a la vida personal.
En función de lo anterior, se busca crear un entorno laboral que privilegie el sentido de pertenencia de los trabajadores, la definición precisa de sus responsabilidades, una participación proactiva y el justo reconocimiento al sobresaliente desempeño.
(Continuará la siguiente semana).