Falso ahorro: cuando gastar menos es una ilusión

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En algunos casos gastar menos dinero en adquirir un servicio o producto, o no comprarlo, pensando que así economizamos recursos, es un espejismo que termina perjudicando nuestras finanzas personales y calidad de vida, en vez de beneficiarlas, advierte un profesor universitario en Economía

A veces gastar menos dinero, o directamente no gastarlo, puede salir a la larga más caro e incluso resultar contraproducente, según los especialistas en economía familiar y doméstica.

“Es una auténtica ganga”, “está muy barato”, “me llevaré dos”, “lo compraré por si acaso”, “mejor ahora porque después subirá”, “ya que estoy aquí me lo llevo”… son algunas de las justificaciones que nos vienen a la mente cuando vemos una oferta o descuento especial en un establecimiento comercial o en línea, que en apariencia nos ofrece una buena oportunidad para ahorrar.

Pero en realidad se trata de un espejismo porque un descuento, una oferta o cualquier otro tipo de promoción comercial solo generan un ahorro verdadero si la compra a la que se aplican es necesaria, explica a EFE, José Manuel Corrales, profesor de Economía en la Universidad Europea (UE), en Madrid, España.

Corrales señala que el comienzo de cada año, cuando se combina el impacto del gasto extraordinario acumulado a finales del año previo con otros factores económicos, es revelador en lo que concierne a nuestras decisiones financieras, poniendo de manifiesto la acumulación de errores como el uso excesivo de crédito o la falta de planificación.

El difícil comienzo de cada año

Señala que en los primeros meses del año se siente el impacto de lo gastado en los meses anteriores, generándose un desajuste entre ingresos y gastos, a raíz de los desembolsos elevados en regalos, celebraciones y viajes; los pagos aplazados de tarjetas de crédito, las compras financiadas y los recibos anuales, todo ello, agravado por factores como el encarecimiento de la energía, la inflación y el aumento de los tipos de interés.

“Entre los errores financieros más comunes destacan la ausencia de un presupuesto para los gastos, la subestimación de pequeños desembolsos recurrentes, como suscripciones o compras impulsivas, y la falta de un fondo de emergencia, que suelen llevar a muchas familias a endeudarse más, amplificando las dificultades económicas típicas del inicio de año”, advierte.

El profesor Corrales destaca que los gastos impulsivos juegan un papel central en los problemas económicos de las familias.

Tanto durante las fiestas navideñas como en las épocas de rebajas comerciales inmediatamente posteriores al invierno y al verano, respectivamente, “el consumidor tiende a subestimar el impacto futuro de decisiones inmediatas, lo que a veces erosiona significativamente su liquidez”, explica Corrales.

“Pero una rebaja solo es un ahorro cuando se aplica a una compra necesaria, pero no si genera una compra”, enfatiza.

“El problema radica en que las ofertas suelen activar la percepción de una oportunidad perdida si no las aprovechamos, lo cual nos incentiva a efectuar compras impulsivas que no teníamos previstas”, de acuerdo con el profesor de la UE.

Falsos ahorros: consecuencias y soluciones

El profesor Corrales señala que los “falsos ahorros”, fomentados tanto por las promociones comerciales, como por nuestras ideas erróneas acerca de lo que significa economizar, están implícitos en muchas de nuestras conductas financieras, a lo largo de todo el año, con las consecuencias que describe a continuación, aportando además consejos para evitarlos.

Compramos con descuento algo que no necesitamos

Al actuar de esta manera “generamos un gasto innecesario y reducimos nuestra liquidez, ya que el dinero invertido en algo inútil no puede destinarse a necesidades reales o ahorro productivo”, explica Corrales.

“Antes de comprar, pregúntate: ¿lo necesito realmente? Si la respuesta es no, el descuento no justifica la compra”, aconseja.

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El uso de lo comprado nos genera gastos mayores

Corrales explica que en algunos casos “el coste total de una compra supera al beneficio, como por ejemplo, cuando adquirimos un coche barato que consume mucho combustible o requiere reparaciones frecuentes”.
En casos como este, recomienda: “Hay que calcular el coste total de propiedad (mantenimiento, energía, seguros) antes de decidirse, en vez de fijarse solo en el precio inicial”.

Adquirimos un producto o servicio de calidad deficiente

Al “comprar barato” tenemos mayores probabilidad de que lo comprado tenga averías y menor durabilidad, y nos genere una pérdida de tiempo, con lo cual es como si termináramos “comprándolo dos veces”, señala Corrales, que aconseja “evaluar siempre la relación calidad-precio, ya que a veces pagar un poco más evita gastos futuros y mejora la experiencia”.

Caemos en la trampa de “falsas ofertas”

Al comprar tentados por envases ahorro o XXL productos que tienen gastos ocultos o con precios bajados artificialmente tras haberlos subido previamente, terminamos “pagando más por unidad o por servicios innecesarios”, según Corrales.

Hay situaciones en las que “creemos ahorrar, pero en las que el precio real no es ventajoso”, por lo que siempre resulta aconsejable “comparar el precio por unidad y leer la ‘letra pequeña’, desconfiando de aquellos mensajes como ‘ahorro XXL’ que no hayamos verificado” señala.

Ahorramos en activos que pierden valor, como el dinero fiat.

Claves de la planificación financiera

El desajuste económico de comienzos de año, alimentado por las compras impulsivas, los falsos ahorros y el uso excesivo de la tarjeta de crédito, no solo puede ayudarnos a tomar consciencia de las causas de nuestros problemas económicos, sino también convertirse en el punto de partida para prevenirlos, de acuerdo con distintos especialistas.

El profesor Corrales recomienda corregir nuestras dinámica financiera reenfocándola en la planificación anual.
Explica que el uso de la tarjeta de crédito, con sus elevados intereses, contribuye significativamente a los problemas financieros de muchas familias que trasladan el exceso de gasto a deudas acumuladas, generando un ciclo donde sus ingresos futuros se destinarán a cubrir los créditos pasados.

Sin embargo, “aplazar pagos no es lo mismo que planificar financieramente. La primera opción es una solución reactiva y de corto plazo, mientras que la segunda es una estrategia preventiva que distribuye los gastos a lo largo del año y anticipa posibles escenarios complicados”, recalca.

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