China, la nueva potencia global de los videojuegos

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La industria china, que empezó con un auge de juegos gratuitos para móviles, se ha convertido en un fuerte creador que compite con los títulos de alto nivel

El tablero mundial de los videojuegos tuvo, durante décadas, unos dueños indiscutibles: Estados Unidos, Japón y Europa, que conformaban una trinidad hegemónica que parecía inexpugnable.

En tanto, China era vista por la mirada occidental desde una perspectiva muy distinta: pese a contar con un mercado nacional gigantesco, su rol se relegaba al de los títulos para teléfonos móviles.

Pero las reglas del juego han cambiado en apenas un lustro: el gigante asiático se ha despojado del traje de actor secundario para erigirse como una auténtica superpotencia en las grandes producciones, no solo a nivel financiero, sino también creativo.

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Hoy por hoy, la industria china despliega todo su arsenal para mirar directamente y sin complejos a las grandes marcas del sector, dispuesta a competir por el podio de los juegos Triple A (o AAA), que se consideran los grandes títulos de cada temporada.

Este rebase combina tres factores clave: un flujo de inversiones sostenido en el tiempo, una madurez vertiginosa de su talento patrio y un giro de 180 grados en la forma en que la propia sociedad china concibe y valora culturalmente a los videojuegos.

El objetivo ya no se limita a diseñar pasatiempos fugaces para pantallas táctiles bajo agresivas lógicas de monetización; la nueva ambición del gigante asiático pasa por la arquitectura de universos inmersivos y tramas detalladas, con experiencias para un solo jugador.

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