En este artículo
Hay una sensación que se repite constantemente entre jóvenes y adultos jóvenes: trabajar más… pero sentir que alcanza menos.
No importa si hablamos con estudiantes, emprendedores, profesionistas o personas que están comenzando su vida laboral. La conversación suele llegar al mismo punto: el dinero ya no rinde igual, las oportunidades parecen más lejanas y construir estabilidad se siente cada vez más complicado.
Y no es solo percepción.
Vivimos en un contexto global donde las economías del mundo enfrentan tensiones constantes: guerras internacionales, inflación, conflictos comerciales, cambios tecnológicos acelerados y decisiones políticas que terminan impactando la vida cotidiana de millones de personas.
Lo que ocurre a miles de kilómetros termina reflejándose en algo mucho más cercano: el precio de la comida, la renta, el transporte, las oportunidades laborales o la posibilidad de independizarse.
Por eso, muchas veces crecer económicamente ya no se siente como una meta natural, sino como una carrera cuesta arriba.
Especialmente para generaciones como los millennials y la generación Z, que crecieron escuchando que estudiar, esforzarse y trabajar duro garantizaba estabilidad.
Hoy la realidad es más compleja.
Muchos jóvenes trabajan, estudian, emprenden o incluso hacen varias cosas al mismo tiempo… y aun así sienten incertidumbre sobre su futuro.
Pero en medio de ese escenario también hay algo importante que reconocer: esta generación no se quedó inmóvil.
Ha aprendido a adaptarse. A reinventarse.
A buscar nuevas formas de crecer en un entorno distinto al que vivieron generaciones anteriores.
Hoy vemos jóvenes creando proyectos desde una computadora, aprendiendo habilidades nuevas en Internet, emprendiendo, colaborando y construyendo oportunidades donde antes parecía imposible hacerlo.
Eso también habla de resiliencia.
Porque crecer económicamente no depende solo del esfuerzo individual. También depende de las condiciones que una sociedad genera para que las personas puedan desarrollarse.
Y ahí está uno de los grandes retos de nuestro tiempo: construir entornos donde el talento sí encuentre oportunidades reales.
Hablar de economía no debería sentirse lejano ni técnico. Porque la economía no vive solamente en gráficos o indicadores.
La economía vive en la tranquilidad de una familia. En las oportunidades de un joven. En la posibilidad de acceder a educación, vivienda, salud o un trabajo digno.
Por eso, pensar en el crecimiento económico también implica pensar en comunidad, en preparación y en cómo generamos condiciones para que más personas puedan avanzar.
México tiene talento.
Tiene creatividad.
Tiene jóvenes preparados y personas que todos los días salen adelante a pesar de las dificultades.
Historias de esfuerzo que muchas veces no aparecen en titulares, pero que sostienen al país todos los días.
Y quizá ahí está una de las conversaciones más importantes hacia el futuro: cómo construir un entorno donde crecer deje de sentirse como sobrevivir.
Porque una sociedad crece de verdad cuando las personas pueden imaginar un futuro con esperanza… y tienen oportunidades reales para construirlo.
Soy Pancho Domínguez Castro. Escribo para reflexionar, escuchar y entender los retos de una generación que quiere salir adelante en un mundo cada vez más complejo. Porque crecer también debería significar vivir con más oportunidades, más estabilidad y más esperanza.