Asertividad: el arte de la sinceridad compasiva (parte uno)

¿Cuántas emociones existen? Seguramente podrás nombrar al menos cuatro. Sin embargo, si intentamos ir más allá de ese número, la cosa se pone complicada. La autora Brené Brown se planteó esta misma pregunta en su libro “Atlas of the Heart” (2021) y logró identificar la impresionante cantidad de 87 emociones distintas, a las que agrupó en 13 categorías. Más concreto, Paulo Freire resaltó estas dos: AMAR, que nos permite conectar existencialmente con nuestros semejantes, y el MIEDO DE AMAR, que opera en el sentido opuesto, aislándonos y encerrándonos en nosotros mismos.

La INTELIGENCIA SOCIAL es sumamente cercana a la frecuencia del amor, pues nos impulsa a entender a los otros. Daniel Goleman (2010) explica que el amor romántico, familiar y parental discurre en nuestro cerebro a través de numerosos caminos neuronales relacionados con nuestra capacidad de conexión social. Basado en lo anterior, concluye: “El amor requiere de una inteligencia social plenamente desarrollada” (op. cit., 218).

La ASERTIVIDAD es una de las principales herramientas de la inteligencia social, pues se convierte en un vehículo para expresar nuestras necesidades y deseos al tiempo que reconocemos el derecho de los interlocutores a actuar en consecuencia. La psicóloga chilena Javiera de la Plaza propone, incluso, hablar de una INTELIGENCIA ASERTIVA, a la que define así: “Es la capacidad para comunicarse, expresar ideas, opiniones, puntos de vista y sentimientos de una manera clara, precisa y desenvuelta, sin atropellar a los demás” (op. cit., p. 10). De la Plaza nos insta a hacer uso de este tipo de inteligencia, tanto en el ámbito personal como en el laboral.

Cuando me refiero a la asertividad como EL ARTE DE LA SINCERIDAD COMPASIVA, lo hago convencido de que podemos utilizarla como un instrumento de sanación para forjar vínculos solidarios con aquellos que pasan por un mal momento. En un ensayo reciente, Naoki Yoshinaga -un investigador de la Universidad de Tokio- identifica y describe LOS CUATRO SENDEROS DE LA ASERTIVIDAD, siendo el primero de ellos LA ASERTIVIDAD EMOCIONAL, orientada precisamente hacia la compasión. “La asertividad emocional –argumenta– surge en respuesta al sufrimiento, tanto el propio como el ajeno, y se manifiesta a través de actos asertivos de generosidad y apoyo” (op. cit., p. 6, mi traducción). 

Los otros senderos identificados por Yoshinaga son: la ASERTIVIDAD SOCIAL, entendida como la posibilidad de expresar verbalmente nuestras necesidades, deseos y emociones, sin pasar por alto las perspectivas de otros; la ASERTIVIDAD CONDUCTUAL, enfocada en superar los obstáculos de manera proactiva, y la ASERTIVIDAD MENTAL, que nos lleva a aceptar la vida tal como es, haciendo de lado cualquier juicio negativo que podamos tener sobre nosotros mismos o las demás personas.

De acuerdo con Yoshinaga, el punto de convergencia entre los cuatro senderos es, para decirlo en sus propias palabras: “La participación proactiva de las personas para asumir un mayor control sobre sus vidas, en la búsqueda de su bienestar personal y el de los demás” (p. 29), por lo que podemos concluir que la asertividad y el bienestar personal son hermanados por un mismo propósito.

(Continuará la próxima semana).

Referencias bibliográficas:  Yoshinaga, N. (2025). The four pathways of assertiveness: a multidimensional framework for enhancing individual well-being. “Frontiers in Psychology”.  / De la Plaza, J. (2014). “La inteligencia asertiva”. 10a. edición: Santiago de Chile: Editora Zig-Zag. / Goleman, D. (2010). “Inteligencia social: la nueva ciencia de las relaciones humanas”. 

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