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En el 126º aniversario del Barcelona, Raphinha regresó con dos asistencias clave para remontar al Alavés (3-1) y devolver al equipo el liderato provisional de LaLiga
El FC Barcelona celebró su 126º aniversario con un partido que explicó bien su presente: un equipo aún frágil, pero capaz de encontrar luz cuando Raphinha aparece. El brasileño, recién recuperado de su lesión, regresó al once para transformar una tarde que empezó torcida en el Camp Nou y terminó con una remontada (3-1) que devolvió al club el liderato provisional de LaLiga, pendiente de lo que haga el Real Madrid en su visita a Montilivi.
El guion comenzó en contra desde el primer minuto. A la salida de un córner, un mal despeje de Casadó dejó el balón muerto para que Ibáñez empujara el 0-1. Y en la jugada siguiente, Cadebe rozó el segundo tras internarse por la izquierda. Era un arranque que pesaba más por lo reciente: la herida de Stamford Bridge seguía abierta.
Pero el Barça se reactivó desde la presión, desde esa intensidad alta que había extrañado durante los últimos dos meses sin Raphinha. El extremo recuperó, atacó espacios, obligó a Tenaglia a una intervención salvadora y cambió el ritmo del equipo. Lamine Yamal aprovechó ese impulso para firmar el 1-1 tras una pared por izquierda entre Balde y el propio Raphinha, que asistió con precisión quirúrgica.
La apuesta de Flick por un doble pivote inédito —Casadó y Bernal, ante la baja de última hora de De Jong— no terminaba de fluir, pero Dani Olmo sí encontró claridad en la frontal. El mediapunta, titular por la lesión de Fermín, hizo el 2-1 al primer palo tras otra asistencia de Raphinha justo antes de la media hora. El golpe fue doble para el Alavés, que un minuto antes había tenido una ocasión clarísima en un remate de Otto que Joan García desvió milagrosamente.
Ese intercambio de golpes expuso el estado del Barça: dinámico arriba, vulnerable atrás. Lamine Yamal, hiperactivo y ya sin rastros de la pubalgia que lo había limitado, rozó el tercero tras una pared con Lewandowski, pero eligió definir con la derecha y su remate se estrelló en el palo. El Alavés volvió a morder sobre el cierre de la primera parte, cuando Lucas Boyé remató cruzado y el balón pasó rozando el poste.
Flick movió el tablero al descanso: Rashford entró por Bernal y Pedri comenzó a calentar entre aplausos, ansiado por la afición desde su lesión en el clásico. Antes de dejar el campo, Raphinha todavía pudo dejar otra asistencia, pero Sivera le negó el gol a Lewandowski en un cabezazo potente.
El segundo tiempo fue un asedio sostenido del Barcelona, aunque impreciso. El Alavés, cada vez más replegado, perdió las transiciones que le habían dado vida en la primera mitad. Lamine, Olmo y Casadó probaron desde media distancia, pero la zaga visitante cerró cada línea de pase y convirtió el área en un embudo.
Aun así, el partido no permitió que el Barça respirara hasta el final. A seis minutos del cierre, Joan García ganó un mano a mano a Guridi, jugada que después sería anulada por fuera de juego. El estadio, consciente de su propia fragilidad, suspiró otra vez.
El alivio definitivo llegó en la última contra: Lamine Yamal condujo, filtró para Olmo y el mediapunta definió cruzado ante la salida de Sivera para el 3-1. Un cierre redondo para una noche que había comenzado con dudas, pero terminó con la certeza de que el Barça es un equipo mejor cuando Raphinha está en el campo.
Porque su regreso no sólo cambió el resultado. También le devolvió identidad a un Barcelona que, en medio de reconstrucciones y heridas recientes, necesitaba volver a reconocerse.