Bienestar personal: Navegar la vida saludable (parte cuatro)

No sé ahora, pero en mi niñez se utilizaba el término “cerebrito” para describir al niño o niña más inteligente del salón, mientras que el menos brillante era considerado el más “burro”. Sin embargo, los “cerebritos” solían mostrar una seria limitación: eran socialmente torpes. Por el contrario, algunos de los más “burritos” se llevaban bien con todos, sin importar que no estuvieran incluidos entre los mejores.

En la actualidad, tan pintorescos apelativos no serían considerados políticamente correctos. Tampoco le hacían justicia a la complejidad de la psique humana, entendida como el conjunto de los procesos mentales y emocionales de una persona, ya que hoy en día somos capaces de discriminar entre diferentes tipos de inteligencia. Entre ellas, la racional (que era la típica de los “cerebritos”), la emocional (capacidad de reconocer las emociones propias y ajenas) y la social, orientada a comprender cabalmente a los demás. 

A las modalidades de inteligencia anteriores, habría que agregar la INTELIGENCIA DEL BIENESTAR, término acuñado por los psicólogos británicos Kiran Bhatti y Thomas Roulet en el 2025. A diferencia de la inteligencia emocional, exclusivamente centrada en el componente emocional, la nueva variante lleva como propósito volver conscientes nuestros pensamientos, sentimientos y conductas para tomar el control de nuestro bienestar personal y, en consecuencia, liberarnos del yugo del estrés y la ansiedad.

Más allá de lo individual, Bhatti y Roulet hablan de la conveniencia de cultivar la inteligencia del bienestar en las organizaciones para ayudarlas a identificar, comprender y abordar los factores sistémicos que influyen en el bienestar de sus equipos de trabajo, de tal forma que estos puedan sentirse confiados y psicológicamente seguros. Entrevistado al respecto, Roulet señala que si un trabajador se encuentra ansioso o estresado, podrá sentir la confianza de que tanto su superior como sus pares lo acompañarán en la recuperación de su bienestar en vez de hacerlo de lado.

Sin temor a equivocarme, podría asegurar que en ocasiones tu ritmo de trabajo, lector/lectora, llega a ser tan intenso que te ves forzado(a) a reducir tus necesidades más básicas (comer, dormir, descansar) con tal de sacar adelante la chamba. Si bien tu sentido de responsabilidad es encomiable, valdría preguntarse si vale la pena que tú y tu equipo de trabajo pongan en riesgo su bienestar personal en la rutina diaria. “Un equipo poseedor de una buena inteligencia del bienestar -puntualiza Roulet-  es aquel en el que las personas se cuidan unas a otras y pueden hablar sobre su bienestar... Y cuando así lo hacen, se resguarda su seguridad psicológica” (Citado por Cooper, 2025). 

Otra manera de incrementar la inteligencia del bienestar es practicando el MINDFULNESS o atención plena, que consiste en apreciar con receptividad el momento presente. En vez de evaluar críticamente el entorno, esta técnica nos impulsa a sintonizarnos en armonía con este. Rick Hughes, un consultor especializado en temas de bienestar, nos invita a mostrar curiosidad por lo novedoso. “Aun cuando nuestro estado emocional y pensamientos resulten penosos o difíciles -apunta-, la atención plena nos vuelve receptivos a la situación que experimentamos, en vez de tratar de evitarla o huir de ella” (op. cit., p. 10).

(Continuará la siguiente semana)

Referencias bibliográficas: Bhatti, K., Roulet, T. (2025). “Wellbeing intelligence: building mental health at work”. Londres: Profile Books. / Cooper, E. (2025). “Why well-being intelligence should be a leadership priority”. https://www.mckinsey.com / Hughes, R. (et al.) (2018). “The wellbeing workout”. Londres: Palgrave MacMillan.

Bienestar personal: Navegar la vida saludable (parte tres)