¿Y si sí podemos?

En estos días hay una pregunta que se repite entre conversaciones, redes sociales y reuniones familiares.

¿Y si sí podemos?

La idea ha cobrado fuerza entre quienes siguen a la Selección Mexicana durante este Mundial. Más que una consigna deportiva, se ha convertido en una invitación a pensar en posibilidades en lugar de limitaciones.

Y mientras más la escucho, más pienso que en realidad habla de algo mucho más profundo que el futbol.

Habla de esperanza

Porque cuando alguien pregunta si México puede ganar un Mundial, muchas veces la respuesta automática es una lista de razones por las que parece difícil.

Que nunca ha pasado. Que hay selecciones más fuertes. Que las probabilidades no están de nuestro lado.

Y quizá todo eso sea cierto. Pero también existe otra forma de mirar las cosas.

La que pregunta: ¿Por qué no? No porque ignore la realidad. No porque niegue los retos.

Sino porque entiende que cualquier logro importante en la historia comenzó cuando alguien creyó que era posible antes de que existieran las condiciones perfectas.

 

La esperanza no es ingenuidad. Es una forma de mirar el futuro

Es la decisión de no rendirse antes de intentarlo. Y tal vez por eso esta conversación conecta con tantas personas. Porque no habla solamente de futbol. Habla de nosotros.

Como país, muchas veces hemos aprendido a mirar primero los obstáculos.

Nos acostumbramos a pensar en todo lo que puede salir mal antes de imaginar lo que podría salir bien. Y aunque la prudencia es importante, también lo es la capacidad de creer.

Creer en nuestros proyectos. Creer en nuestras ciudades. Creer en nuestras generaciones. Creer en el talento que existe en México. Creer en nosotros mismos.

Porque basta observar lo que ocurre todos los días para encontrar razones.

Las vemos en estudiantes que se preparan para construir un mejor futuro, en emprendedores que comienzan desde cero, en investigadores, deportistas, artistas y trabajadores que compiten al más alto nivel dentro y fuera del país. Las vemos en personas que siguen adelante incluso cuando el camino parece complicado.

Historias que rara vez aparecen en los encabezados, pero que sostienen al país todos los días. Historias hechas de México.

Quizá por eso la pregunta importa tanto. Porque cuando decimos: '¿Y si sí podemos?', no estamos hablando solamente de un marcador, estamos hablando de una actitud. De un mantra. De la disposición para imaginar posibilidades en lugar de limitaciones.

De atrevernos a pensar que las cosas pueden mejorar. Que los proyectos pueden funcionar. Que los acuerdos pueden construirse. Que los sueños pueden alcanzarse. Que el futuro puede ser mejor.

A veces confundimos esperanza con pasividad. Pero son cosas distintas. Esperar sentado no cambia nada. Creer y actuar, sí. La esperanza se vuelve poderosa cuando nos mueve a prepararnos más, a participar más y a construir más.

Por eso me gusta esta pregunta. Porque no exige certezas. Solo exige la disposición de intentarlo.

Y en un momento donde parece más fácil apostar por el desencanto que por la posibilidad, quizá necesitamos recuperar esa capacidad.

La de creer que todavía hay cosas por construir. La de creer que todavía hay metas por alcanzar. La de creer que el futuro no está escrito.

Porque al final, todas las grandes historias comienzan exactamente igual: con alguien que se atrevió a preguntar… ¿Y si sí podemos?

Soy Pancho Domínguez Castro. Escribo para reflexionar, escuchar y recordar que la esperanza no consiste en esperar que las cosas sucedan por sí solas. Consiste en creer que pueden suceder y trabajar para hacerlas posibles. Porque el futuro también se construye a partir de aquello que nos atrevemos a imaginar.

¿Qué nos une cuando todo nos divide?