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La complejidad de la actual relación entre México y los Estados Unidos ha colocado a Claudia Sheinbaum entre el “deber ser” que le impone su investidura y la defensa, a toda costa, de su partido Morena, envuelto en el escándalo por las acusaciones de nuestro vecino de presuntos vínculos con el crimen organizado de autoridades emanadas de este movimiento.
Como presidenta de la República, en ella se deposita el ejercicio del Supremo Poder Ejecutivo de la Unión. Y, entre sus obligaciones, según ordena el artículo 89 de la Constitución, están el preservar la seguridad nacional y dirigir la política exterior con base en, entre otros principios, la cooperación internacional en la lucha por la paz y la seguridad internacionales.
Pero, como morenista, defender a quienes Donald Trump quiere sentar en el banquillo de los acusados, le es esencial para conservar el sostén de la cúpula del poder que la mantiene donde hoy está… y, por supuesto, para contener el desmoronamiento de su partido.
Entonces, dado que “el que sirve a dos amos, con alguno queda mal”, la estrategia más práctica para ella parece ser el amalgamar en el discurso ambos roles, generando y enalteciendo a un ente amorfo denominado “pueblo”, encarnado en la figura de Andrés Manuel López Obrador.
Por ello, cuando ella proclama: “Somos gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo de México” y “Ningún gobierno extranjero le va a arrebatar la Transformación al pueblo de México”, lo que en realidad implica es que son gobiernos de AMLO, por AMLO y para AMLO; y que, ningún gobierno extranjero, le va a arrebatar la ‘Transformación’ a AMLO.
En este contexto, la narrativa de Sheinbaum se ha centrado en el concepto de soberanía… y tiene la razón en principio, porque así lo consigna el artículo 39 de nuestra Carta Magna: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”… salvo que, en los tiempos de la 4T, la soberanía nacional ha residido esencial y originariamente en AMLO, el poder público dimana de AMLO y se instituye para beneficio de éste.
El expresidente sabía que, tarde o temprano, su visión sobre el ejercicio del poder, especialmente su política de “abrazos no balazos” chocaría con los intereses estadounidenses y provocaría la reacción del Tío Sam… no en balde advertía: “¡Qué se creen estos mequetrefes, intervencionistas, prepotentes!, ¡A México se le respeta!” y hoy, las consecuencias las está sufriendo su sucesora.
En marzo de 2023, recordemos, López Obrador declaró: “¿Qué piensan los conservadores, la gente con concepciones autoritarias, aquí y en Estados Unidos?, que todo lo van a resolver con robocops, con armas, sometiendo por la fuerza, y eso está demostrado que no funciona o que puede tener resultados transitoriamente”.
Y apercibió: “Uno de los coordinadores del Partido Republicano ayer planteó que van a presentar una iniciativa para que las fuerzas armadas de Estados Unidos intervengan en México para el combate al narcotráfico; en especial, para evitar, según él, que llegue de México el fentanilo a Estados Unidos. De una vez fijamos postura: nosotros no vamos a permitir que intervenga ningún gobierno extranjero y mucho menos que intervengan fuerzas armadas de un gobierno extranjero en nuestro territorio”.
Además, anunció una campaña de información a los mexicanos que viven y trabajan en Estados Unidos, y a todos los hispanos, “para informarles lo que estamos haciendo en México y cómo esta iniciativa de los republicanos, además de irresponsable, es una ofensa al pueblo de México, una falta de respeto a nuestra independencia, a nuestra soberanía. Y si no cambian su actitud y piensan que van a utilizar a México por sus propósitos propagandísticos, electoreros, politiqueros, nosotros vamos a llamar a que no se vote por ese partido, por intervencionista, inhumano, hipócrita y corrupto”.
Evidentemente, en consonancia con esto, en abril del 2025, ya con Sheinbaum en la presidencia, fueron agregados al artículo 40 constitucional dos párrafos: 1) “El pueblo de México, bajo ninguna circunstancia, aceptará intervenciones, intromisiones o cualquier otro acto desde el extranjero, que sea lesivo de la integridad, independencia y soberanía de la Nación, tales como golpes de Estado, injerencias en elecciones o la violación del territorio mexicano, sea ésta por tierra, agua, mar o espacio aéreo” y 2) “Tampoco consentirá intervención en investigación y persecución alguna sin la autorización y colaboración expresa del Estado Mexicano, en el marco de las leyes aplicables”.
Sin embargo, la designación de los cárteles internacionales como terroristas le da a los Estados Unidos una justificación legal para actuar fuera de sus fronteras, por lo que si la presidenta sigue midiendo fuerzas con Trump invocando una soberanía que hoy, en los hechos, ya no queda claro en quién reside en este país, el panorama pinta muy, muy mal.