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Una alimentación equilibrada, rica en fibra, grasas saludables y pescado, puede ayudar a reducir el colesterol y el riesgo de enfermedades cardiovasculares, según especialistas
Mantener el colesterol en valores adecuados permanece como una de las mejores estrategias para prevenir enfermedades cardiovasculares, una de las principales causas de mortalidad en la población adulta. El desafío se vuelve aún mayor en un contexto marcado por hábitos sedentarios y dietas poco equilibradas, factores que favorecen el aumento del colesterol en sangre.
Cuando los niveles son elevados, el colesterol puede acumularse en las paredes de las arterias y formar placas que dificultan el paso de la sangre. Con el tiempo, este proceso incrementa el riesgo de coágulos, infartos y accidentes cerebrovasculares. Si bien existen tratamientos farmacológicos eficaces, los especialistas coinciden en que la alimentación cumple un rol central en la prevención y el control del colesterol, en particular del LDL, conocido como colesterol “malo”.
De acuerdo con recomendaciones de la Clínica Mayo y otras instituciones médicas, algunos alimentos incorporados de manera habitual a la dieta pueden contribuir a mejorar el perfil lipídico y fortalecer la salud del corazón.
Entre ellos se destaca la avena, un cereal rico en fibra soluble, capaz de reducir la absorción de colesterol en el organismo. Una ración diaria de avena puede aportar una cantidad significativa de fibra, cuyo efecto se potencia al combinarse con frutas como manzana, plátano o frutos rojos.
Los frutos secos, especialmente las almendras, también muestran efectos positivos sobre el colesterol: aportan grasas saludables que ayudan a mejorar el perfil lipídico, aunque su consumo debe ser controlado debido a su alto valor calórico. Los expertos sugieren una porción diaria pequeña como parte de una dieta equilibrada.
Otro alimento que ha ganado protagonismo es el aguacate que, gracias a su contenido de grasas monoinsaturadas y fibra, contribuye a mejorar la calidad del colesterol y a elevar los niveles de HDL. Incorporarlo con moderación en ensaladas, emparedados o como acompañamiento de verduras puede ser parte de una estrategia cardioprotectora.
También el consumo de pescados grasos, como el salmón, resulta beneficioso. Su aporte de ácidos grasos omega-3 ayuda a reducir los triglicéridos, regular la presión arterial y disminuir el riesgo de formación de coágulos. Aunque no actúan directamente sobre el colesterol LDL, sí favorecen el aumento del colesterol HDL, considerado protector.
Por este motivo, la Asociación Americana del Corazón aconseja incluir pescado al menos dos veces por semana, preferentemente preparado al horno o a la plancha.
Finalmente, el aceite de oliva extra virgen se consolida como una de las grasas más recomendadas para el cuidado del corazón. Su utilización en reemplazo de grasas saturadas favorece la reducción del colesterol y se asocia a un menor riesgo de eventos cardiovasculares, en línea con los beneficios atribuidos a la dieta mediterránea.
Especialistas coinciden en que, junto con la actividad física regular y los controles médicos, una alimentación basada en estos alimentos puede marcar una diferencia significativa en la prevención de enfermedades cardiovasculares.
- El control del colesterol es clave para la prevención cardiovascular y puede lograrse, en parte, a través de la dieta, incorporando alimentos que favorecen el equilibrio del colesterol y protegen la salud del corazón.
- El colesterol alto puede obstruir las arterias y aumentar el riesgo de infartos y ACV. Los expertos resaltan que la alimentación es clave para controlar el LDL, conocido como colesterol “malo”.